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Distintos Tiempos

La vida es una serie de aconteceres que fluyen. Algunas personas evolucionan y otras se quedan varadas en algún momento específico de sus vidas. A veces ocurre que nos curzamos por la calle con algún conocido de antaño. Alguien a quien no veíamos desde hace muchos años y nos sorprende que nos pregunte cosas como si seguimos viviendo en el mismo lugar que antes.

Normalmente, la gente tiende a sentir la necesidad de satisfacer distintas necesidades a distintas edades. Por lo general, aquello que nos gustaba hacer a los 15 años no es lo mismo que disfrutábamos a los 30, ni a los 50. Esto tiene su base en la propia naturaleza curiosa del hombre y en su afán y necesidad de superarse.

Por ende, muchas personas suelen mudarse, cambiar de trabajo o terminar con una relación y comenzar una relación de pareja nueva. No todos evolucionamos al mismo tiempo, ni en la misma dirección. Algunos lo hacemos más rápido, otros más lento, y además, desarrollamos distintas preferencias a lo largo de nuestra vida que nos llevan a formar nuevos círculos de amistades, etc.

No obstante, hay un número de personas que mantienen una constancia en su vida, durante muchos años. Es como si a los 18 o 20 años de edad, ya hubieran decidido que lo que hacen en ese momento es lo que van a querer hacer toda su vida y deciden no cambiar. Viven en el mismo sitio durante 50 años, tienen el mismo empleo durante 35 años, mantienen las mismas amistades y el mismo estado civil porque consideran que “eso es lo corecto”.

En realidad no se trata de que cambiar o no cambiar sea lo correcto. Cada uno vive su propio argumento de vida, conforme a sus propias creencias y a sus principios.

Así, como para algunos mantener un mismo estilo de vida por años es “lo correcto”, para otros “lo correcto” es ir evolucionando, cambiando, probando distintas cosas en la vida, experimentando.

Por eso, cuando nos cruzamos con un amigo de la infancia o de la adolescencia, y nos pregunta si todavía seguimos haciendo lo mismo que hace 30 o 40 años atrás, es importante comprender que -quizás- para esa persona sea natural continuar viviendo siempre de la misma manera que cuando tenía 20 años.

Cada uno decide cómo quiere vivir su vida, qué rumbo quiere tomar, si quiere cambiar o no.

En ocasiones, oímos decir: “Cuando me casé, mi pareja no era así, no entiendo por qué cambió”, o bien “Antes, este empleo me daba muchas satisfacciones y mi jefe era un excelente tipo, ahora ya no es así”, y también oímos: “No sé por qué nos distanciamos, pero un día dejamos de vernos, de llamarnos… seguimos siendo amigos, pero ya no compartimos tiempo juntos como antes”.

La vida evoluciona, el planeta evoluciona, las sociedades evolucionan, y las personas (a veces) cambian. Por esta razón, es importante no ponerle rótulos a la gente, porque la persona con la que nos encontremos por la calle hoy, puede ser muy diferente de la que conocimos ayer.  A veces, el alumno brillante o el hijo ejemplar o el empleado prometedor, pueden terminar siendo una desilusión para quienes anticipaban que todo seguiría igual o incluso sería mejor;  y de la misma manera, a quien rotulamos de “fracasado” podría haber aprendido algo de la vida, y ser hoy una persona de éxito.

Juzgar a los demás por las personas que eran 20, 30 o 40 años atrás, es uno de los errores de juicio y de criterio más frecuentes. Aprendamos a vivir el presente, el pasado pertenece al pasado, pertenece a la historia de una persona, el presente se forja día a día, con las acciones actuales, no sobre la base de las acciones pasadas, que en muchos casos, son útiles para aprender algo valioso y en otros conforman un patrón de vida al que algunas personas se apegan durate años.

Inversión Emocional

A veces, nos preguntamos por qué una persona “inteligente y capaz” no puede terminar con una relación nociva o tóxica, que sólo le causa más y más sufrimientos. Las razones son varias. Una de ellas es la baja autoestima de la persona que presenta un apego emocional excesivo a los demás (si me dejas, no podré continuar viviendo o no sé vivir solo o sola); también, aquellas personas que tienen mucha necesidad de aprobación y siempre quieren agradar y satisfacer a los demás (si satisfago las necesidades de todo el mundo, todos me querrán); pero también hay una razón muy importante que ya no tiene que ver con los demás, sino con el propio ego herido: las inversiones que hacemos en una relación.

En una relación, desde el inicio y durante toda la vida de dicha relación, invertimos -consciente o inconscientemente- muchas cosas que son importantes para nosotros: invertimos expectativas, invertimos tiempo, invertimos sentimientos, afectos, emociones, apostamos a un futuro, hacemos planes, o buscamos escalar una posición social o económica. Como sea, siempre que apostamos al amor, invertimos algo, aunque más no sean nuestras expectativas, anhelos, deseos o sueños de alcanzar una vida plena y feliz.

Cuando una relación amenaza con desmoronarse o bien, cuando las personas se dan cuenta que están en una relación nociva o perjudicial, suelen aferrarse aún más a esa relación porque su ruptura o fin, representa también el fin de todo aquello que invertimos, esperamos, deseamos, soñamos o planeamos.

Además de nuestro ego herido, tratamos de que el mundo no nos vea como la persona que “allí va de nuevo, fracasó otra vez en el amor“.  Los sentimientos de amor genuinos, obviamente, también están afectados, pero sólo constituyen una de las razones por las que las personas tratan de no terminar una relación muy negativa.

Incluso hay personas que ante una ruptura inminente, intentan una “reconciliación” haciendo un viaje juntos o -en el peor de los casos- teniendo un hijo en común. Son muchas las parejas que quedan embarazadas a los efectos de no terminar una relación. Algo terrible, si se tiene en cuenta que se usa un ser humano (futuro hijo) para solucionar un conflicto de pareja.

También son muchas las personas que prefieren no terminar con una relación negativa, en lugar de madurar, crecer y asumir que es mejor terminar con algo que nos causa daño, en lugar de encapricharse como niños con una relación que -tarde o temprano- no llegará a buen puerto.

Si bien todos invertimos algo en una relación: tiempo, sueños, expectativas, amor genuino, dedicación o apoyo, es importante reconocer cuando algo ya no funciona y es mejor contar las pérdidas y retirarse a tiempo, para luego de hacer el duelo, poder comenzar de nuevo, en otra relación más sana.

La vida se trata de eso. A veces ganamos, a veces perdemos, a veces tenemos que negociar, a veces tenemos que comprender qué es posible y qué no lo es. Crecer emocionalmente y madurar psicológicamente implican una aceptación de aquello que es viable y saludable o conveniente para nosotros y aquello que no lo es. Madurar significa aprender a hacer buenas elecciones y no continuar en lo mismo siempre. Significa poder romper con los patrones viejos que nos llevaban a hacer malas elecciones y aprender a aplicar nuevos patrones de conducta que nos permitirán elegir mejor, la próxima vez.

Remedio para el Amor

Cuando hablamos de amor, nos referimos a un sentimiento de afecto sano y sincero, que va de la mano de la compasión y la solidaridad.  Cuando una persona ama a otra, saludablemente, se preocupa por su bienestar. Amar es sinónimo de consideración, de empatía, de protección bien entendida, de afecto, de compasión humanitaria, de comprensión, de solidaridad.

A veces, algunas personas suelen decir “mi pareja me ama”, pero en realidad, lo que esa pareja hace es proporcionarle las infames “migajas de amor”.  Y eso no es amor.

Las personas con una autoestima baja (no confundir autoestima con ego), suelen ver esas “migajas de amor” como grandes dádivas de amor o verdaderas señales de amor. El amor verdadero dista mucho de ser pequeño, escaso, egoísta o interesado. Por el contrario, una persona que nos ama de verdad, es aquella persona que nos ayudará a salir adelante en la vida, nos protegerá no exponiéndonos a situaciones de riesgo, no esperará que demos todo lo que podemos dar (y más también), no jugará juegos mentales con nuestros pensamientos, ni apelará a nuestros buenos sentimientos para sacar partido de ellos.

Quien nos ama de verdad, sabrá compartir equitativamente, será justo, amable, humanitario, afectuoso y protector. Las personas que nos aman sinceramente, nos dedican tiempo – no nos dedican escasos momentos (sólo cuando les conviene a ellos); nos abrazan cuando más lo necesitamos -no cuando ellos lo necesitan; y saben compartir y ceder por lo que refiere a sus actividades personales y sus amistades -no esperan que siempre hagamos lo que a ellos les gusta.

Las personas con baja autoestima tienden a hacer todo lo posible por complacer a los demás. Así, una mujer o un hombre que se han enamorado perdidamente de una persona narcisista o egoísta, harán lo que sea para complacer a esa persona y ser aceptados o “queridos” por esa persona. Incluso si ello implica dejar de lado las cosas más importantes de su propia vida.

Por otro lado, las personas con personalidades muy seductoras (como algunos narcisistas, psicópatas y otras personalidades egoístas) nunca valorarán a las personas que tienen al lado por quienes son, sino que sólo las valorarán cuando satisfagan sus expectativas o disfruten de las mismas cosas que ellos disfrutan. Las personas seductoras tienen mucho carisma y consiguen que los demás crean que son increíblemente honestos, generosos, amables y considerados, cuando en realidad, son exactamente lo contrario.

Así, las personas con baja autoestima, inevitablemente caen rendidas a los pies de los seductores. Dejan de lado sus propias metas, sus actividades e incluso sus amistades y, sobre todo, les cierran las puertas a quienes quieren aconsejarles bien.

Cualquier cosa que haga el seductor será visto como algo maravilloso por quien tiene una autoestima baja. Cualquier cosa que sus amistades le digan para salvarle de caer en manos de un seductor, será vista como una falta total de comprensión.

Cuando las personas con baja autoestima (o bien, las personas con una autoestima normal, pero que están pasando por un mal momento) se enamoran perdidamente de un individuo netamente seductor, no hay razón que oigan ni consejo sano que quieran aceptar. Lo único que quieren es estar junto al seductor, no perderlo, ser aceptadas pero ese individuo, sin importar cuál sea el precio a pagar.

Lo lamentable es que, después de un tiempo, suele suceder lo que normalmente sucede: el seductor deja a la persona con el corazón destrozado y va en busca de otra conquista. Y entonces, las víctimas se preguntan: ¿Cuál es el remedio para el “amor”?

El mejor remedio es darse tiempo para reflexionar sobre la experiencia, adultamente, y asumir el error cometido para aprender a ver a las personas tal cuál son y evitar caer, nuevamente, en manos de otro seductor.

La familia de la persona que ha sido víctima de un seductor, necesita comprender que lo que para algunos era obvio o evidente, para la persona perdidamente enamorada no lo era. No se deberán abrir juicios de valor, ya que ello no ayuda a que la persona desilusionada pueda mejorar su autoestima y recuperarse pronto de un desengaño amoroso. Y es importante que alienten a la persona engañada a salir adelante y retomar las actividades y metas de su vida.

Cuando las personas que se han enamorado de un seductor caen en la cuenta de que han sido manipuladas, engañadas, no valoradas, y descartadas, suelen pasar por un periodo de aislamiento y depresión, fruto de su profunda desilusión y del dolor afectivo que ello le ha causado.

De nuevo, hay que darse tiempo para sanar emocionalmente. No hay que reaccionar con enfado, despecho, desprecio, maltrato hacia otras personas o conductas autoagresivas, sino todo lo contrario. Hay que asumir el dolor, aceptar el error y comprender que a cualquiera le puede pasar enamorarse de la persona equivocada; o enamorarse de un típico seductor o seductora que sólo se dedican a coleccionar conquistas amorosas como si fueran trofeos de caza.

Los seductores, narcisistas, egoístas, psicópatas y otros tipos similares de personalidad, sólo se aman a sí mismos y no tienen espacio en sus vidas y en sus corazones para nadie más. Sólo buscan gratificación instantánea y esperan que los demás se adecuen a sus necesidades. Generalmente, se presentan como personas amables, cancheras, simpáticas y que necesitan afecto porque su ex pareja los ha abandonado… Claramente, eso no es amor.

Como remedio preventivo: si aún está a tiempo, huya de un seductor.


Responsabilidad compartida

Los niños, normalmente, son criados por más de una persona. Por lo general, por ambos padres. Pero, en el caso de una familia “uniparental”, el padre o la madre que crían solos a sus hijos,  suelen contar con ayuda de otras personas.

Lo importante, cuando se cría un niño desde el nacimiento, es promover su salud emociona, su bienestar psicológico y proporcionarle un ámbito enriquecedor dónde pueda desarrollar una sana autoestima y todo su potencial humano, pleanamente.

En algunos hogares y en algunas situaciones, los niños no reciben la protección y la contención mínima que necesitan para desarrollarse saludablemente, e incluso hay casos en los que son expuestos a abusos de distintos tipos: una disciplina rígida que puede incluir abuso físico (golpes), manipulaciones psicológicas (abuso emocional) que pueden ser sutiles o explícitas, y otros tipos de conducta -por parte de los adultos a cargo del niño- que pueden ser atemorizantes y atormentar al niño causándole un daño psicológico o emocional importante.

Hay personas que amenzan a los niños, los critican constantemente, les exigen determinadas aptitudes (que los padres carecen) o los manipulan de maneras muy sutiles. En este último caso, el daño no se suele detectar sino hasta después de la adolescencia, durante la vida adulta.

Cuando un niño vive en un ambiente donde prima la hipodresía, la mentira y la falta de empatía y altruismo, lo más probable es que desarrolle una personalidad egocéntrica que le imposibilite formar una pareja o una familia, o cualquier vínculo afectivo que implique compromiso y la aptitud de compartir con su pareja y valorar al otro.

Cuando decimos que esta responsabilidad de criar niños saludables es una responsabilidad compartida, nos referimos específicamente a que si un padre o cualquier adulto que ayude a criar a un niño, comente abusos de cualquier tipo, el otro padre o cualquier otro adulto que participe de la crianza de ese niño, tiene la responsabilidad de poner un límite ante ese tipo de abuso, con el fin de preservar la salud emocional del niño.

Si un padre malcría a su hijo y el otro padre no hace nada al respecto, está causando el mismo daño. Si un padre golpea o encierra a un niño y el otro no hace nada, es cómplice de ese abuso.

La responsabilidad de criar saludablemente a los niños es compartida por ambos padres y por cualquier otra persona que ayude a criar a los niños. Cualquier abuso, ya sea físico o emocional, no debe ser tolerado. El padre o la persona que es testigo de un abuso y no hace nada para impedirlo, le causa al niño tanto daño como el que le causa el abusador.

Negar una situación de abuso, es negar la posibilidad de corregir a tiempo un problema que, en el futuro, no le permitirá a ese niño vivir una vida feliz, plena, compartiendo y valorando las cosas verdaderamente importantes de la vida.

Recuerde: la responsabilidad de la salud emocional de los niños es una responsabilidad compartida.

Cuando una mujer está ciegamente enamorada, suele cometer algunos de los siguientes errores debido a que su razón está opacada por sus emociones y sus sentimientos.  Las personas necesitamos de nuestros sentimientos y emociones, tanto como de nuestro pensamiento racional, para poder vivir una vida plena, libre de penas y desilusiones.

Por lo general, cuando una mujer se encapricha con un hombre, hace cualquier cosa por conseguirlo. Si intentamos explicarle que -por determinadas razones- ese hombre no es el que más le conviene, ella se empecinará aún más en estar con él.

Algunos de los errores más frecuentes que comete una mujer enamorada del hombre equivocado son los siguientes:

  • Toma siempre la iniciativa y lo contacta antes que él lo haga. Siempre es la primera en llamarlo, enviarle un mensaje de texto a su celular o correo electrónico o comunicarse con él a través de una red social.
  • Busca compartir o participar en las mismas actividades que él, aunque se trate de un deporte de riesgo o una actividad cultural que no le interesa en lo más mínimo.
  • Intenta hacerse amiga de sus amigos o -en el peor de los casos- de su(s) ex novia(s) o esposa(s)
  • Se acomoda siempre a la disponibilidad de horarios y las necesidades de él. Incluso es capaz de recorrer grandes distancias para ir a verlo, sin importar las circunstancias. (Dos horas de autobús en un día de lluvia y frío).
  • Paga un alto precio, literalmente.  Lo invita a tomar un trago y paga la cuenta ella. Lo invita a pasar la noche juntos en un hotel cinco estrellas y paga la cuenta ella. Planifican juntos un viaje y paga, al menos, la mitad de los gastos del viaje. Paga cualquier precio (dinero) con tal de tener a ese hombre a su lado.
  • Le hace favores de todo tipo, aunque ello la perjudique. Estos favores pueden ser materiales o no materiales. Las mujeres que corren detrás de los hombres pueden acceder a los pedidos más insólitos, como ir a hablar con el jefe de él para que le dé un aumento de sueldo o lo cambie de sector, o traer un cargamento de cosas del exterior en lugar de reservar esa cantidad de espacio y peso para traerse algo para ellas mismas.
  • Pagarle multas, deudas o prestarle dinero. Hacerle regalos de todo tipo y por cualquier motivo.
  • Oírlo contar cómo llamó a su ex novia o ex pareja porque la extraña.

Estas mujeres suelen tener una autoestima muy baja y poco sentido de la dignidad. También suelen permitir que ese hombre oculte o niegue que tiene una relación con ellas o bien que no las tome en serio y sólo salga por diversión (sexo y nada más), interactuando de manera vulgar (lenguaje vulgar).

Las mujeres que se enamoran del hombre equivocado NO suelen oír el consejo de sus amigas o de su familia. Cuanto más encaprichadas están con un hombre, tienen menos posibilidades de verlo tal cual es en la realidad. No se dan cuenta que están perdiendo tiempo al lado de un hombre que no está enamorado de ellas. Y por ende, tampoco se dan cuenta que están negándole la oportunidad a otro hombre (que esté interesdo en ellas genuinamente) de que se acerque e intente establecer una relación saludable.

A veces, con el correr del tiempo, el hombre perseguido suele enamorarse de otra chica o vuelve con su ex y la mujer encaprichada queda con el corazón roto. Esto se debe a que se había hecho falsas ilusiones con respecto a formar una futura pareja con él. Si todas sus amistades y su familia, sus compañeros de trabajo y otras personas allegadas, le decían que ese hombre no estaba enamorado de ella o que a él no le importaba usarla para que le hiciera favores y permitía que ella siempre gastara dinero, seguramente lo decían por el bien de la muchacha enamorada, y no porque tuvieran algo en contra de ese hombre, en particular.

Pero la mujer enamorada no lo ve así. Lo primero que piensa es que sus amigos y su familia no comprenden. Que nadie debe meterese en su vida. Que ella sabe muy bien lo que está haciendo, etc.  Así, se va distanciando de las personas que la aconsejan bien para poder continuar con esa relación.

En el mejor de los casos, la relación se termina y salvo algunas lágrimas derramadas, la mujer se repone y vuelve a vivir su vida normal, sin una dependencia afectiva excesiva ni una obsesión por satisfacer las necesidades de un hombre egocéntrico.

En el peor de los casos puede pasar lo siguiente:

  • La mujer se pelea y se distancia de su familia y sus amigos (nadie la comprende o ellos no tienen razón)
  • La mujer puede llegar a perder su empleo (es el caso de cuando trabajan juntos y surgen problemas)
  • La mujer puede perder importantes sumas de dinero, o alquilar un departamento para que él se vaya a vivir con ella.
  • La mujer puede quedar embarazada (a propósito o accidentalmente) para tener algo (un hijo) que la ate definitivamete a ese hombre.
  • La mujer se despersonaliza, deja de ser ella y hacer su vida, para satisfacer permanentemente las necesidades de ese hombre.
  • Pierden el sentido común, la capacidad de razonar más allá de sus emociones y una sana perspectiva de la realidad.

Estos son escenarios de situaciones patológicas que requieren tratamiento psicológico. Una mujer que sacrifica e hipoteca su vida en función de otra persona, claramente necesita terapia urgente, ya que presenta una dependencia importante.

Las personas emocionalmente saludables no presentan este tipo de apego obesisvo con otras personas. Tampoco se meten en problemas por otras personas y comprenden que un hombre (o una mujer) que los inducen o les pide (directa o indirectamente) que se metan en problemas para satisfacer sus demandas, no son precisamente “amigos” sino “enemigos”.

Para más información, es útil leer el artículo sobre Personas con Trastornos de Personalidad, del Dr. Joseph Carver.

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