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Los 5 mitos más comunes en las relaciones de pareja

  • Es bueno sentir algo de celos dentro de la pareja.
  • Las infidelidades no son graves y ayudan a valorar una buena relación.
  • El amor no tiene límites.
  • Es importante compartirlo todo.
  • El amor es para siempre.

Esencialmente, las relaciones interpersonales que establecemos suelen basarse en modelos de relaciones entre otras personas, que observamos a lo largo de toda nuestra vida. El modo en que nos relacionamos con los demás surge a partir de una combinación de interacciones y conductas que copiamos, rechazamos y/o modificamos de conductas que hemos aprendido previamente. De esta manera, vamos construyendo nuestras propias relaciones con los demás. Copiando, rechazando y/o modificando las conductas de los adultos que nos rodearon o nos formaron durante nuestra infancia.

Nuestros padres, o tutores, nos han servido de modelo para copiar o rechazar o modificar nuestras relaciones de pareja; en la escuela, las relaciones entre profesores y alumnos, entre los maestros entre sí y con nuestros pares o compañeros, han ido formando la manera en que nos relacionamos socialmente con los demás. En el ámbito laboral, nuestras relaciones con nuestros jefes y compañeros o subalternos, también nos aportan, diariamente, información valiosa sobre las relaciones interpersonales y nos permiten aprender y enriquecer nuestras relaciones, en general.

Pero también hay ciertos mitos, comúnmente aceptados, que suelen dañar las relaciones de pareja, ya que damos por sentado que son correctos cuando, en realidad, no es así.

  • Es bueno sentir algo de celos dentro de la pareja: Los celos NO son buenos. Las personas celosas tienen problemas emocionales subyacentes (no necesariamente se trata de problemas graves, incluso pueden ser muy leves).  Las personas celosas son personas algo inseguras y tienden a ser posesivas. Suelen ser personas controladoras, que no viven ni dejan vivir en paz a los demás (debido a sus propias inseguridades).  A veces, hay personas que creen que si sus parejas son celosas o posesivas, esto es un signo de “amor”. Error. No sólo NO es un signo de amor, sino que además es un signo de problemas emocionales. Una persona celosa, rara vez podrá mantener una relación de pareja saludable. Los celos NO son amor. El respeto y la confianza, sí.
  • Las infidelidades no son graves y ayudan a valorar una buena relación: Hace poco, una famosa actriz dijo que ser infiel a su pareja era muy bueno porque eso alimentaba el deseo entre ambos y hacía que ambos valoraran más a la pareja. Las parejas que optan, eligen, deciden – de común acuerdo – tener una relación de pareja abierta, suelen tener relaciones con otras personas fuera de su pareja. Pero, en ese caso, ambas partes consienten que la otra parte tenga una relación fuera de la pareja. Vale decir, NO hay engaño, NO hay infidelidad. Ambas partes han acordado que pueden tener otras relaciones alternativas, libremente.  Pero en el caso de las parejas tradicionales o monógamas, las relaciones fuera de la pareja (sin el consentimiento de la otra parte) constituyen un engaño. Engañar, ser infiel, mentir, no son acciones que construyan una pareja saludable. Implican una falta total de respeto por las tres personas involucradas. Falta de respeto por uno mismo, falta de respeto por la pareja estable y falta de respeto por la tercera parte involucrada. La infidelidad constituye un engaño, una mentira y sobre la base de los engaños y las mentiras no se puede construir una pareja sana. Las relaciones de pareja saludables se construyen sobre la base de la honestidad, de la confianza, de la sinceridad; pero sobre la base de una doble vida, de infidelidades y de engaños no se puede construir un lazo afectivo respetuoso y sano. Si una pareja decide tener una relación abierta, dónde ambas partes pueden tener otras relaciones, entonces no hay engaño, no hay fidelidad, hay un acuerdo sincero, honesto – más allá de que este tipo de relación funcione. En general, solemos sentirnos atraídos por distintas personas a lo largo de nuestras vidas. Si la atracción va un más allá de una simple admiración y se desea tener una relación de pareja comprometida, es importante tener claro si vamos a tener una relación abierta o cerrada y establecer las pautas de dicha relación desde el principio, con absoluta franqueza.
  • El amor no tiene límites. Otro grave error que se suele aceptar. “Si te amo, debo sacrificarme o pedirte que te sacrifiques por mí”. Error. Nadie debe sacrificar su propia vida “por amor” a otro. Todos tenemos el MISMO derecho de vivir una vida plena, que nos satisfaga, nos haga felices, nos refuerce nuestra autoestima y por encima de todo, que sea equitativa. Los derechos de los demás terminan allí dónde comienzan los nuestros y viceversa. Uno de los errores más graves es el de creer que hay que sacrificarlo todo por la otra persona y recibir migajas a cambio. Si damos, es justo que recibamos en las misma medida. Ahora bien, si queremos hacer caridad, hay miles de instituciones de beneficencia y hogares de niños a los que podemos ayudar.  En las relaciones de pareja no podemos hacer caridad. Si te escucho tus problemas y te contengo, es justo que reciba lo mismo.  Si tu tiempo vale, el mío también. No debemos anularnos para satisfacer al otro. No debemos permitir que el nadie pisotee nuestro derecho a ser felices y ser respetados. Por esta razón, es importante que uno empiece por respetarse a uno mismo. Si yo no me respeto, los demás seguramente no lo harán. Las relaciones de pareja sanas, son un “ida y vuelta”. Te doy – me das. Y siempre en la misma medida.
  • Es importante compartirlo todo. No. Esto no es así. Si bien es importante saber compartir, también es importante saber tener nuestra privacidad. Tener un espacio propio es esencial para nuestra salud emocional y para nuestra autoestima. Todos necesitamos tener un espacio de intimidad con nosotros mismos, aunque más no sea para descansar y relajarnos. Necesitamos un espacio para socializar con nuestras amistades, para compartir en familia, para compartir con la pareja, para tratar temas laborales, para enriquecernos con cursos o intereses académicos, para disfrutar de un pasatiempo o hacer algo creativo o solidario. No siempre debemos compartirlo todo con nuestra pareja. Compartir todo, absolutamente todo, con la pareja genera dependencia y es agobiante. Es muy saludable tener un espacio propio, también.
  • El amor es para siempre. Lamentablemente, nada es para siempre. La vida misma tiene un principio y un fin. En los tiempos de nuestros abuelos, la gente se casaba “para siempre”.  Aun hoy, mucha gente sigue pensando de esta manera. Pero, lo cierto es que conforme crecemos, maduramos. Y conforme maduramos, cambiamos, evolucionamos; y en este proceso de cambio, a veces cambiamos también nuestros gustos, nuestros valores, nuestra manera de pensar, nuestra manera de ver el mundo. Y lo que sentimos por una pareja, también puede cambiar. Mis abuelos estuvieron casados por más de 50 años y fueron muy felices. Tuvieron altibajos, como cualquier pareja, pero siempre siguieron juntos. Eso está bien, no está mal. Pero es muy importante tener en cuenta que, en las relaciones de pareja, no todo es color de rosa, no siempre es como en los cuentos de hadas y el amor se puede terminar. No tenemos que pasar del amor al odio.  A veces, simplemente, el amor se termina. Es importante aceptar que las cosas pueden llegar a su fin en algún momento. Si no amamos más a una persona o si nuestra pareja ya no nos ama, es una señal de respeto y dignidad aceptar que la relación ha llegado a su fin y seguir nuestro camino. Empeñarse con atarse a una relación que ha terminado, no tiene ningún sentido y no es sano.

Para poder tener relaciones de pareja saludables es fundamental ser sincero con uno mismo y valorarse. Si no tengo dignidad, si no me respeto lo suficiente para hacer valer mis derechos como persona, los demás rara vez me valorarán o me respetarán e intentarán imponer siempre sus derechos por sobre los míos. Las relaciones de pareja saludables implican respeto, honestidad, transparencia, y desde ya, mucho amor. Pero, recordemos algo importante: amor no es sacrificarlo todo por el otro, no es tener una pareja celosa y posesiva. Amor es RESPETAR, respetarnos a nosotros mismos y respetar al otro.

Saber escuchar

Un buen diálogo, una comunicación eficiente, empiezan por saber escuchar activamente al otro. Pero, ¿sabemos escuchar?

Escuchar es como un arte multi-facético porque involucra varias habilidades, aunque no siempre seamos conscientes de ellas.  Un buen acto de escucha activa implica poder identificar qué dice la otra persona, por qué lo dice, cómo lo expresa, cuáles son sus necesidades (por qué cuenta lo que cuenta), cuáles son sus propósitos (para qué cuenta lo que cuenta) y si se trata de una persona que está abierta al diálogo o no.

Hay personas que, aparentemente, desean dialogar, pero en realidad sólo desean ser oídas, escuchadas, comprendidas, o simplemente, necesitan descargar algo y por ende, no establecen un diálogo, sino un monólogo.

Además, escuchar al otro, cómo responde a lo que nosotros decimos o preguntamos o explicamos, también nos permite detectar si la otra persona comprendió lo que dijimos, y al mismo tiempo, nos permite evaluar si nosotros mismos nos expresamos correctamente.

Una persona consultó a un coach profesional para resolver un tema puntual que le generaba un conflicto. Tenía que ver con los valores personales y su relación con su familia, que no compartía los mismos valores. El coach dedicó un par de sesiones para aclarar un poco el tema, pero el tema no se resolvió, sólo se aclaró un poco.

En la tercera sesión, el cliente comentó que existía la posibilidad de que se fuera a vivir a otro país y el coach exclamó: ¡Eso es de lo que tenemos que hablar aquí!  Y comenzaron a hablar sobre ese tema.

Podrían haber dedicado varias sesiones a hablar sobre ese tema, pero la realidad es que el cliente se dio cuenta de que el coach había desviado el tema principal porque no había podido ayudarle a resolver el problema.

El cliente interrumpió al coach y dijo: “A mí no me genera ningún conflicto decidir cuándo y dónde me iré a vivir a otro país, o cuáles son las distintas posibilidades que tengo, eso lo veo muy claro y sólo requiere que tome una decisión cuando tenga información que yo considere suficiente”… “Yo vine aquí para resolver, o al menos, terminar de analizar y aclarar la problemática que tengo con las relaciones con mis familiares cercanos”…. “No tengo problemas de pareja, no tengo problemas con mis hijos, no tengo problemas laborales, no tengo problemas con mis amigos, ni con irme a vivir a otro país”… “Sí tengo problemas con mis hermanos y hermanas y con mis padres, y para eso he venido aquí”.

A veces, algunas personas (terapeutas, coaches, amigos, familiares, colegas, psicólogos, profesores, etc.) no nos dan una respuesta a nuestros problemas porque, en algunos casos, no la tienen o no saben cómo ayudarnos con un problema específico. Por eso es importante saber escuchar.

Darse cuenta de lo que entiende la persona con la que estamos hablando, o si desvía el tema de conversación hacia otro tema, o si trata de convencernos de algo, son cualidades muy importantes de una escucha activa.

Muchas veces ocurre que la gente con la que hablamos da por sentado cosas o situaciones que no son reales. Por ejemplo: Una señora hablaba con otra sobre una amiga de su hija que se quedó un mes en su casa porque tenía problemas con la separación de sus padres. La persona que escuchaba el relato de esta señora no dijo nada en ese momento, sólo la escuchó. Cuando se volvieron a encontrar, tres meses después, se encontraron nuevamente y la señora que había escuchado el relato preguntó: “Cómo están tu hija y tu hijastra”…  Esta señora había dado por sentado que la amiga de la hija de la señora ya era como una hijastra y por ende, supuso que seguía viviendo con ellos. Error.

Estas suposiciones y malas interpretaciones son muy frecuentes cuando la gente no sabe escuchar y se queda con una parte de la información.

Cuando dialogue, preste atención a dos cosas: Cómo se expresa usted y cómo se expresa la otra persona, por un lado; y por otro lado, qué escucha usted (y cómo lo interpreta) y qué escuchan los demás (y cómo interpretan aquello que escuchan)

Por último, no tenga miedo de preguntar o de hacer aclaraciones para ver si la otra persona entendió lo que usted dijo o si usted está comprendiendo lo que la otra persona le dice.

1. Sientes que no puedes ser tú mismo

Tus amistades te dicen que has cambiado. Siempre estás pendiente de lo que dices o cómo actúas porque tu pareja tiende a corregir tus errores o criticarte todo el tiempo, o  lo hizo así en el pasado. Nunca te sientes totalmente relajado cuando tu pareja está cerca, incluso cuando ya han estado saliendo juntos por varios meses. Si no puedes ser tú mismo con la persona que amas, es tiempo de reflexionar profundamente acerca de lo que estás haciendo… y por qué. Nadie vale tanto sacrificio.

2. No eres feliz

Aunque es verdad que nuestra pareja no es responsable de nuestra felicidad, ciertamente deberían embellecer nuestros días. Quienes salen con la persona adecuada, disfrutan consistentemente de la relación y tienen una sensación general de felicidad y bienestar (sin argumentos).  Si te sientes infeliz, la mayor parte del tiempo, y especialmente cuando estás con su pareja, esto puede ser un síntoma importante de que esa persona no es la correcta para ti.

3. Tu pareja te agota

En lugar de sentirte lleno de energía, después de pasar tiempo con tu pareja, te sientes emocionalmente desgastado la mayor parte del tiempo. Ellos parecen tener algo de qué quejarse todo el tiempo o simplemente, tienen una visión negativa de la vida. De cualquier manera, la persona con la que elijas pasar tu vida, realmente debería levantarte el ánimo, en lugar de hundirte . Y tampoco deberías sentirte “obligado” a escuchar o soportar a tu pareja, todo el tiempo.

4. El factor amigos

Si sales con alguien y realmente no quieres presentárselo a tus amigos, no es un buen signo (y deberías preguntarte por qué). Si sales con alguien y esa persona nunca te presenta a sus amistades, también es otro signo. Si tus mejores amigos expresan preocupación sobre tu relación, tómalo con seriedad. Es probable que estas personas vean las cosas de manera más objetiva, de modo que es importante que puedas abrir tu mente y oír lo que tienen que decirte.

5. No logras imaginar el futuro juntos

Luego de salir un cierto tiempo, es normal comenzar a pensar cómo serían como pareja en el futuro. Si has estado saliendo un tiempo con tu pareja y no logras ver cómo podrían funcionar juntos en el futuro, podría ser buena idea evaluar por qué sales con esta persona y qué es lo que realmente estás buscando.

6. Son como el día y la noche

Tu pareja ama salir todas las noches y acostarse tarde. Tú prefieres quedarte en casa y levantarte temprano. Tu pareja quieren que estén juntos los siete días de la semana, mientras que a ti te gusta pasar parte del tiempo con tus amistades. La compatibilidad es un ingrediente esencial para que una unión sea pacífica y armoniosa, y si tú y tu pareja tienen muchas diferencias fundamentales, las cosas pueden dificultarse mucho.

7. No te emociona ver a tu pareja ni tener noticias de ella

Cuando tu pareja te llama, tú no atiendes y dejas que atienda el contestador. A veces, de hecho, evitas a tu pareja totalmente. Te das cuenta que sientes una ambivalencia absoluta cuando está con tu pareja. Muchos de nosotros atravesamos momentos en que tenemos miedo de estar solos y entonces nos quedamos en relaciones que no nos satisfacen. Salir con una pareja debería ser algo divertido, emocionante y que nos llene de afecto, pero no lo contrario. Las cosas no van a ser siempre color de rosa, pero deberías sentirte feliz de ver a tu pareja, la mayor parte del tiempo.

8. No te sientes bien contigo mismo

Además de sentirse feliz, una persona que tiene una buena relación de pareja, normalmente tiene una autoestima positiva. Todos tenemos algunas dudas e inseguridades (¿quién no?), pero cuando pasamos tiempo con nuestra pareja, tendemos a sentirnos mejor – no peor. Por el contrario, si tu pareja acentúa tus dudas y deteriora tu confianza en ti mismo, es tiempo de defenderte y decir: “Hasta luego”.

9. Las contras de permanecer juntos son mayores que los beneficios

Los análisis de las relaciones costo-beneficio realmente ayudan, mucho más allá de la oficina. Siéntate unos minutos y anota todas las ventajas y desventajas de salir con tu pareja. Cuando compares ambas listas, podrás ver si los beneficios superan las desventajas, o si las razones para terminar la relación son más fuertes que las razones para continuarla.

10. Tus instintos te están diciendo al oído: ¡Sal ya de esa relación!

Como regla general, nuestras voces interiores están allí por alguna razón y deberíamos oírlas. No ignores las luces rojas de advertencia que te envía Tu subconsciente. En última instancia, el corazón sabe lo que es mejor para nosotros. Permite que tu voz interior se exprese y te guíe hacia las conclusiones que serán mejor para ti.

Por último:

Encuentra alguien que te trate como mereces ser tratado y te haga feliz. Alguien que te haga sentir bien contigo mismo y que tus amigos aprueben y te aliente a salir con él o ella.

Traducido de eHarmony

La decisión de analizarse o no analizarse es personal, pero es bueno contar con cierta información antes de tomar la decisión de hacer una terapia o no.

Hay dos aspectos muy importantes a tener en cuenta:

  • No todas las personas se siente a gusto analizándose, ni todas las terapias son útiles para todas las personas.
  • No todos los profesionales de la salud mental pueden ayudar a todos los pacientes a resolver sus problemas.

En primer lugar, no todas las personas están de acuerdo con hacer terapia, consultar a un psicólogo o psiquiatra, analizarse, etc. Algunas personas prefieren acudir a grupos de apoyo, leer libros de auto-ayuda, recurrir a la religión (confesarse o conversar con un cura, rabino, etc.), o conversar con un amigo de confianza o con alguien que haya vivido experiencias similares.

Otras personas sí prefieren hacer alguna terapia que les ayude a analizar y resolver sus problemas. Y en este caso, lo importante a tener en cuenta, es que hay distintos tipos de análisis. Básicamente, hay médicos psiquiatras, médicos psicoanalistas, licenciados en psicologías y también hay especialistas en terapias alternativas como los “coach” de vida.

El médico psiquiatra y el médico psicoanalista, esencialmente, son médicos. Esto significa que, muchas veces, tratan a sus pacientes como un todo: mente y cuerpo.  A veces ocurre que una persona sufre de depresión y no se debe a una causa emocional, sino a un problema de salud físico (deficiencia de serotonina, por ejemplo). La serotonina es un neurotransmisor que fabrica nuestro cuerpo y la falta de este neurotransmisor puede producir una gran variedad de síntomas, como depresión, ansiedad, irritabilidad, pánico, problemas de sueño, entre otros.   En este sentido, el médico psiquiatra y el médico psicoanalista, no sólo se ocupan de la salud mental de un paciente, sino que también tienen en cuenta su salud física.

Por otro lado, tenemos a los licenciados en psicología o psicólogos. Y dentro de la psicología, hay muchas escuelas o corrientes diferentes, entre ellas el psicoanálisis (los psicoanalistas pueden ser tanto médicos como licenciados en psicología),  la terapia sistémica, gestalt, análisis transaccional, etc.  Hay muchas maneras diferentes de abordar una terapia, desde la psicología.

Hasta hace algunos años, los médicos psiquiatras se ocupaban de las enfermedades de salud mental como la esquizofrenia, la parafrenia, la paranoia, las psicosis en general, las fobias, etc.  Y podían medicar a sus pacientes. Mientras que los psicólogos se dedicaban más a tratar pacientes con trastornos como la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo, los bloqueos emocionales, etc. Y no podían prescribir medicación a sus pacientes (ahora, en algunos países, los psicólogos ya están habilitados para medicar a sus pacientes).

Con esta descripción de los tipos de terapias que existen y los distintos profesionales del campo de la salud mental, las posibilidades de elegir son muchas y muy diversas. Pero lo más importante es sentirse a gusto con el terapeuta y con el tipo de terapia que se va a hacer. Es importante que el terapeuta brinde un espacio de confianza y comprensión, donde el paciente se sienta contenido y respetado.  Y como ocurre en todas las profesiones, hay profesionales buenos e idóneos, con experiencia, y profesionales que no son tan buenos o tan idóneos o que, simplemente, no tienen la experiencia suficiente.

Un buen profesional no le crea al paciente dependencia con su terapia. Tampoco le “lava el cerebro” para que ese paciente salga a pelearse con todo el mundo en defensa de lo que el terapeuta opina. El buen profesional es aquél que nos ayuda a enfrentar nuestros problemas, conteniéndonos, y nos ayuda a encontrar la manera de resolverlos. Es también, quien nos ayuda a hacer crecer nuestra autoestima de manera sólida y constante.

Los profesionales que no son buenos crean dependencia, hacen que sus pacientes se sientan inferiores a ellos o incapaces de resolver sus problemas, o bien, les dicen a sus pacientes que todo lo que hacen y piensan es correcto y le crean una falsa sensación de bienestar y felicidad.

Las posturas extremistas (todo está mal o todo está bien) no son realistas. En la vida de cualquier ser humano, hay momentos buenos y momentos malos, alegrías y tristezas, logros y frustraciones, amor y dolor, y cosas que funcionan muy bien y otras que no funcionan, lo normal es vivir en un equilibrio que no es estático, sino dinámico.

Así, encontraremos que algunas veces estamos en perfecta armonía, con nosotros mismos, con los demás, con el entorno, y otras veces no, estamos menos equilibrados o más equilibrados. Lo importante es no caer en un lugar muy negativo (depresión) ni en un lugar excesivamente positivo (manía).

La neurosis maníaco-depresiva (hoy también llamada trastorno bipolar) habla precisamente de un desequilibrio en el que la persona pasa por periodos en los que todo está exageradamente mal y luego por periodos en los que todo está exageradamente bien. Lo normal es el equilibrio. Y como explicamos antes, algunos trastornos de salud mental requieren medicación como parte del tratamiento y otros no.

Por todo esto, es importante saber que existen distintos tipos de terapias y -ya fuera de las terapias- existen distintos tipos de ayuda o de recursos que una persona puede usar para solucionar sus problemas.

Existen distintos tipos de mentiras: las mentiras piadosas, como aquellas que se dicen para evitar un dolor o sufrimiento innecesario; las mentiras crueles, para difamar o arruinar a una persona,  o su reputación o interferir en una relación; las  mentiras blancas, las mentiras oscuras y las mentiras que son totalmente innecesarias, entre otras.

Con respecto a las mentiras innecesarias, las mismas revelan mucho más de lo que se cree sobre quienes tienen por costumbre mentir sin necesidad.  Algunas personas no se animan a expresar sus deseos o fantasías, abiertamente; quizás por temor a ser juzgados o por su propia desaprobación interior.  Y es por esta razón que estas personas suelen poner en boca de otros lo que, en realidad, ellos mismos desearían poder decir.

Por ejemplo, a una adolescente le parece buena idea que una amiga de ella conozca a otro amigo de ella. Sólo a efectos de este ejemplo, les pondremos nombres a los personajes ficticios.  Así, María tiene una amiga a la que llamaremos Laura y un amigo al que llamaremos Pedro.  María desea que Laura y Pedro se conozcan. Y entonces, les miente a ambos.

Le dice a Pedro que a Laura le gustaría mucho conocerlo, y le dice a Laura que Pedro desea conocerla, pero con la condición de que no haga comentarios feministas porque él no tolera que se critique su condición de hombre.

Laura, sin advertir que el encuentro está siendo programado por María, accede aunque le resulta extraño que si Pedro, realmente desea conocerla, ya imponga condiciones desde antes de conocerse.  Por otra parte, Pedro también accede a conocer a la amiga de María, pero sólo por no desairar a María y no porque tenga interés alguno en conocer a Laura.

María coordina el encuentro diciendo que Pedro ha decidido invitar a ambas adolescentes al cine y que se encontrarán en casa de María.  Cuando Laura llega a casa de María, ésta le dice que Pedro cambió de opinión y que finalmente van a comer unas pizzas con cerveza en su casa y mirar alguna película por TV.

Cuando Pedro llega, María presenta a sus amigos y Laura, por educación, curiosidad o mera simpatía, le dice a Pedro: “Bueno, querías conocerme y finalmente aquí me tienes, pero no entendí por qué pusiste condiciones”.  Pedro, sorprendido, responde: “No, no. Debe haber una confusión. Yo tenía entendido que eras tú quien deseaba conocerme a mí”.

Ambos se disgustan con María porque, claramente, ni a Pedro ni a Laura les agrada que los engañen y los tomen por tontos, ya que ninguno de ellos tenía ningún interés particular de conocer al otro.

Este ejemplo nos enseña muchas cosas: en primer lugar, nos enseña que las mentiras suelen tener patas cortas y basta con confrontar lo que una persona dice con la realidad, para determinar si nos ha mentido o no.  Normalmente, a las personas psicológicamente sanas no les divierte que les mientan o las engañen.  Cuando una persona le miente a otra, o la engaña para conseguir lo que desea, implícitamente está tomando a esa persona por tonta.

En el ejemplo anterior, María deseaba que sus amigos Pedro y Laura se conocieran y los engañó a ambos para conseguir lo que ELLA quería: les mintió, los tomó por tontos.

La patología de María abarca desde la manipulación a través de mentiras innecesarias y engaños para conseguir lo que desea y no se anima a expresar, hasta las relaciones triangulares.  Para ello se vale de distintas tácticas de manipulación, como decirles a sus amigos que ambos desean conocerse, cuando en realidad eso es mentira, ya que es María quien desea que puedan reunirse los tres en su casa, y también se vale de la buena educación y la ausencia de malicia de sus amigos, quienes acceden sólo para no desairar a María. Y aquí es donde el engaño de María da resultado.

María pone en otros lo que ella desea interiormente. Siempre tuvo problemas con triángulos afectivos, ya fuere dentro de su familia, entre sus amistades o en sus relaciones de pareja. Su patología siempre fueron los triángulos.  Además, es una persona con una enorme necesidad de aprobación externa y para conseguirla recurre a las mentiras y el engaño.  Ella desea reunir a personas que no tienen interés en reunirse o conocerse, pero está dispuesta a manipular el carácter bondadoso y los buenos modales de sus amigos para conseguir lo que ella quiere.

Existen muchas personas manipuladoras, que engañan a otras y creen que sus mentiras nunca serán descubiertas.  Son personas que no tienen agallas para ser frontalmente honestos y pedir lo que desean, por eso mienten y engañan a los demás.  Son personas sumamente dependientes de la aprobación externa porque internamente no se aprueban a sí mismas.  Son, también, personas muy inmaduras emocionalmente, ya que al igual que los niños, no se sienten cómodos con un “NO” como respuesta.  En el fondo, estas personas saben que si piden las cosas de frente y sin manipulaciones, posiblemente, la respuesta que reciban sea NO.

En el ejemplo de María, Laura y Pedro, es muy probable que María sepa que si dice, sinceramente, que a ELLA le gustaría que Laura y Pedro se conocieran, ellos le dirían que no tienen interés en conocerse. Por eso María recurre al engaño. Para no ver frustrado su deseo de reunirse los tres en su casa.

Las personas manipuladoras y mitómanas suelen presentar estas características egoístas que no se ven a simple vista.  A María no le importa si Pedro y Laura desean conocerse o si van a hacer un sacrificio para no herirla a ella.  María sólo busca satisfacer su deseo y su objetivo personal, y recurre al engaño y a la manipulación, sin tener en cuenta cómo se sentirán sus amigos cuando descubran que han sido tomados por tontos y que han caído en la patología triangular de María.

Tarde o temprano, la verdad siempre sale a la luz y las personas, psicológicamente sanas, no son tontas. Acaban por comprender que han sido engañadas y manipuladas, lo que hace que dejen de confiar en quien los manipuló.

Pero, las personas que acostumbran a mentir, engañar y manipular a otros para conseguir lo que desean, no terminan de comprender por qué los demás dejan de confiar en ellas. Para estas personas, la mentira y el engaño cotidianos son algo normal y natural. No logran comprender el daño que causan, cómo sus mentiras innecesarias afectan sus relaciones interpersonales, dentro de la familia, con amigos, con compañeros de trabajo, etc.

Estas mentiras innecesarias, que parecen inofensivas a simple vista, son como la punta de un iceberg: esconden mucho más por debajo de la superficie.  Suelen conformar un patrón de conducta que se pasa inconscientemente, de una generación a otra.  Así, por lo general, las personas que mienten innecesariamente, aún en las cosas más pequeñas, han tenido padres con características similares (uno de los padres o ambos) y también, es muy posible que alguno de sus  hijos (o varios) también hereden o copien este patrón de conducta.

Las personas mitómanas y manipuladoras, mienten y manipulan naturalmente. Para ellas, mentir y manipular es tan normal que ni siquiera advierten que lo hacen.

Si tiene dudas, confronte lo que le dicen con la realidad. Las mentiras no duran mucho ni conducen a ningún lado.

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