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  • MarianBarrs

Capítulo 9. Para qué hacerlo bien, cuando se puede hacer todo mal

Updated: Apr 20

El premio para los que pagaban era aprobar. Pepita (y los otros dos docentes que daban clases particulares a sus propios alumnos) con frecuencia le ofrecían al profesor Emmet ir a retirar los exámenes de la imprenta y dictarle las notas, luego de corregirlos, para que éste las volcara en el acta de examen oficial.


Los exámenes solían ser al mediodía. Pepita iba con otra docente, la llamaremos Bonita (porque era maravillosa) o con Felipe (el amigo incondicional de Pepita, con quien se repartía los alumnos particulares) y retiraban los exámenes de la imprenta el mismo día.


Pero para recorrer las 8 cuadras que separaban el sitio de la imprenta y la facultad, donde aguardaban los alumnos para rendir el examen en cuestión, demoraban poco más de media hora. En esa media hora, se sentaban cómodamente en un café y fotografiaban con el celular todas las hojas del examen parcial o final que s eiba a tomar. Mientras degustaban su cafecito, les enviaban al selecto grupo de alumnos -que conformaban sus alumnos particulares o los pacientes del Dr. Emmet- todas las fotos del examen que, en breve, se les tomaría en la facultad.


Los alumnos, aunque un poco escasos de tiempo, recibían de Pepita las fotos de los exámenes y se lanzaban a googlear las respuestas a toda velocidad o buscarlas entre la lista de preguntas y respuestas habituales que solía tomar el Dr. Emmet, cada año, para el mismo examen. El hombre no modificaba mucho los exámenes. Tenía un pool de preguntas que mezclaba al azar y casi siempre tomaba lo mismo; por lo que realmente, no era difícil aprobar si uno decidía aprenderse de memoria las preguntas habituales, en lugar de estudiar.


Claro que eso, en la vida real, cuando tenés que ejercer la medicina y estás solo con tu paciente -cara a cara- no te sirve de mucho. Obtener un título universitario sin estudiar puede ser una "avivada" genial, si no fuera porque si no estudiaste corrés el riesgo de matar a alguien o -en el mejor de los casos- de amputarle la pierna equivocada a una persona inocente.


(Continúa en el Capítulo 10)

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