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  • MarianBarrs

Capítulo 7. Las cosas por su nombre

Updated: Apr 20

A esta altura, ustedes se preguntarán qué cosas, puntualmente, hacían estos dos docentes. Pues bien, el Dr. Emmet tenía el hábito de faltarle el respeto a todo el mundo. Maltrataba verbalmente a sus alumnos, tête à tête y públicamente, también; hacía comentarios altamente misóginos en clase, discriminaba a la gente joven o con escasa educación, hablaba muy mal de sus colegas y empleaba un lenguaje vulgar y agresivamente escatológico.


Una cosa que llamaba mucho la atención de él era su misoginia. Las mujeres, salvo las de su familia (su madre, hermana, esposa, hija, nieta) se dividían en dos grandes grupos. O eran todas muy malas madres o eran todas mujeres de "mala vida", léase "putas". De hecho, siempre se ensañaba con sus alumnas mujeres. Cuanto más jóvenes y frágiles eran sus alumnas, peor las trataba.


También discriminaba a los gays. Era altamente homofóbico, lo cual llamaba mucho la atención, dado que él mismo no tenía -precisamente- un aspecto varonil. Tenía un aspecto algo extraño y gestos y una voz poco masculinos (entiéndase en el contexto simplista de los estereotipos de masculinidad generalizados).


El lenguaje, por demás verborrágico y rico en malas palabras y obscenidades, hacía que sus clases no tuvieran el nivel o la calidad que podían tener si le bajara un poco el tono a las guarangadas que largaba. Quizás pensaba que eso lo hacía gracioso o que lo acercaba más a sus alumnos. La realidad es que, si bien, las primeras clases eran distendidas, con el correr de los meses, se hacía bastante pesado oír los insultos al por mayor, en todas y cada una de sus clases.


Otra cosa que llamaba la atención, eran las reiteradas referencias a todo lo sexual. Tenía como una obsesión con el sexo anal y con las prostitutas, las groserías, etc. En sus clases nunca faltaba oportunidad para hacer alguna mención de estos temas.


Pero este temita del sexo, en general, podría decirse que era un problema que abarcaba otras áreas de la institución, ya que muchos de los directivos parecían tener también, una cuestión similar con el tema de la sexualidad.


Las historias que oía no eran muy distintas de las que uno haya oído a lo largo de toda la historia de la humanidad. Hombres y mujeres jóvenes que intercambian favores sexuales con personas que tiene cierto grado de poder o autoridad en una institución no es algo nuevo, es algo que siempre ha ocurrido. Pero, en esta facultad, era como una norma común, aceptada de manera abierta o de modo subliminal, y quienes optaban por esta "modalidad" sabían que en el plazo establecido por el programa de la carrera, se llevarían su título de médico o médica, sin necesidad de abrir un libro.


Esto no sería problema si no fuera porque después leemos en los diarios que, en una clínica de la zona sur de la ciudad, a una señora le amputaron la pierna equivocada por error.


Si usted tuviera que contratar a un abogado para que se ocupe de su defensa en un juicio penal o civil, ¿contrataría a alguien que sabe lo que hace o a alguien que consiguió su título sin estudiar un solo día?

La respuesta es obvia.


(Continúa en el Capítulo 8)


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