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  • MarianBarrs

Capítulo 5. El profesor delirante

Updated: Apr 20

Ahora bien, aquí es donde empiezan a entrar en escena más personajes de esta historia. El Dr. Emmet, médico psiquiatra, que psicopateaba a sus alumnos y hablaba 2 o 3 horas sin parar, sufría de delirio crónico. Por alguna razón, estaba absolutamente convencido de que él era el mejor docente de la facultad (o al menos, el más importante) y que todos sus alumnos lo amaban. También creía, honestamente, que un futuro no muy lejano, sería nombrado decano de la institución.


Nada más alejado de la verdad. Los alumnos que lo tenían en alta estima era muy pocos, la gran mayoría lo veía tal cual era: un hombre mayor, bastante loco, libidinoso, que cada año se adjudicaba una especialidad nueva (que no tenía) y que contaba casos de pacientes con enfermedades insólitamente raras, que él -y sólo él- había diagnosticado y curado exitosamente.


En términos de salud mental, el hombre era un narcisista megalomaníaco que inventaba historias y se agregaba cargos y especialidades que no le correspondían. Su relato incluía, casi inevitablemente, elogios desmedidos hacia sí mismo y palos al por mayor para sus colegas, quienes (a su leal saber y entender) eran todos unos inútiles que no sabían diagnosticar ni curar nada.


La realidad, contada por una colega del profesor que lo conocía desde hacía siglos y quien, lamentablemente, falleció joven, era que al Dr. Emmet lo habían echado del sanatorio donde trabajó 10 años como jefe de terapia intensiva porque se equivocaba en todos los diagnósticos y se peleaba con todo el mundo porque nunca quería admitir que NO tenía razón. Cuando el profesor hablaba, uno notaba cierto desborde de exageración en sus relatos, como también un nivel de histeria importante y una necesidad de protagonismo por las nubes.


Una camada de alumnos, dos años anterior a la mía, lo habían apodado "la Coca Salri" y mis compañeros le habían puesto el sobrenombre de "mamá Cora" (por el personaje de Gasalla) - Quiero aclarar que adoro a Antonio Gasalla y siempre admiré a Isabel Sarli. Pero estos apodos reflejaban el histrionismo del Dr. Emmet.


Por otro lado, aunque nadie le decía nada al Dr. Emmet, los directivos de la institución jamás pensaron en darle el cargo de decano porque consideraban que el profesor tenía muy malas relaciones interpersonales, ya que vivía peleando y discutiendo con todo el mundo y siempre era el centro de las quejas de los alumnos por todas las injusticias que cometía.


(Continúa en el Capítulo 6)

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