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  • MarianBarrs

Capítulo 10. Hecha la ley, hecha la trampa

Updated: Apr 20

Si el plan A fallaba, es decir, si los alumnos dilectos, amigos de Pepita o los pacientes del profesor Emmet, no lograban responder suficientes preguntas correctamente como para aprobar el examen, entonces Pepita ponía en marcha el plan B.


El plan B tenía dos fases. Primero, tratar de llevarse a su casa los exámenes de sus amigos para corregirlos ella misma y aprobarlos, y si por casualidad, algún examen caía en manos del profesor Emmet, y su alumno-amigo acababa desaprobado, entonces todavía tenía la posibilidad de cambiarle la nota al dictársela al Dr. Emmet cuando la pasara al acta oficial.


Así, los estudiantes que pagaban extra, ya sea tomando clases con Pepita o sus cómplices o siendo pacientes de terapia del profesor Emmet, se aseguraban de aprobar, independientemente de la calificación real que hubieran obtenido de haber estudiado.


Incluso, en algunas oportunidades, la propia Pepita era quien supervisaba el examen mientras los alumnos rendían. Y en esos casos, lejos de la vista del Dr. Emmet, Pepita sacaba su celular y se ponía a enviarles las respuestas correctas a sus amigos, vía WhatsApp, en pleno examen y delante de la vista de todo el mundo.


Otra de las docentes, Bonita, que era una excelente docente, pero estaba muy cansada de lidiar con la facultad, el Dr. Emmet y los alumnos, directamente se iba al bar de la institución a buscar un café durante el examen y luego volvía y se quedaba en el aula tomando su cafecito y leyendo una revista, permitiendo que cada uno haga lo que le diera la gana.


Los alumnos la amaban. Yo también, pero no porque permitiera que todo el mundo se copiara como escriba, sino porque dando clases era una excelente docente. Era todo lo opuesto al Dr. Emmet y a Pepita. La Dra. Bonita era una docente constructivista y pragmática, sabía muchísimo y era humilde, no maltrataba a nadie, era respetuosa, y sus clases obligaban a pensar, ya que eran casos clínicos a partir de los cuales dictaba el tema del día.


Emmet y Pepita eran todo lo contrario. Emmet era enciclopedista y su método de enseñanza era soporífero. Más allá de los problemas psicológicos que tenía. Pero, al menos, el Dr. Emmet conocía los contenidos de la materia. Pepita no. Era docente sólo porque había aprendido todos los trucos para que volverse indispensable para Emmet. No sabía la materia que dictaba ni le interesaba aprender nada. Se llevaba el mundo por delante y siempre estaba en plan de víctima. Era muy convincente (sus actuaciones eran merecedoras de un Oscar) y realmente, todo el mundo le creía.


(Continúa en el Capítulo 11)

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