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El Eterno Problema Sexista

Cuando hablamos de abuso emocional o maltrato psicológico, hablamos de los participantes de una relación o vínculo no saludable.  Normalmente, nos referimos a un “abusador emocional” y a una “víctima”.

Lamentablemente, estos términos suelen inducir a las personas a creer que nos referimos exclusivamente a un abusador emocional de sexo masculino y a una vìctima de sexo femenino, que mantienen una realción de pareja (no saludable).

Bien, esto es totalmente erróneo. Cuando hablamos de abuso emocional, nos referimos a un abusador emocional (hombre o mujer, indistintamente), que trata mal a otra persona, a la que solemos llamar víctima (y que también puede ser un hombre o una mujer, indistintamente).

Además, los abusadores emocionales o abusadoras emocionales, pueden ser niños/niñas, adolescentes (de ambos sexos), hombres y mujeres adultos, o ancianos (también de ambos sexos); y no sólo esto… también pueden pertenecer a cualquier clase social y/o económica, y tener cualquier nivel cultural o educativo.

El abuso emocional NO ocurre solamente entre hombres y mujeres, o entre personas de bajos recursos. Ocurre en todas las clases socio-económicas y culturales, y no necesariamente entre un hombre y una mujer.

El ámbito en que ocurre, también es importante: de nuevo, NO ocurre solamente en una relación de pareja. Ocurre en una familia (por ejemplo, entre padres e hijos, entre hermanos, tíos, sobrinos, abuelos, etc.); puede ocurrir entre amigos o amigas, entre personas que pertenencen a un club o que forman parte de un equipo, en el trabajo (entre un jefe y un empleado o entre compañeros de trabajo), en un ámbito académico (la escuela, la universidad, un taller dónde dictan un curso, entre profesores y alumnos, o entre estudiantes, etc.)

El abuso emocional es, principalmente, un problema de maltrato psicológico y no tiene NADA QUE VER con el sexo de una persona ni con el tipo de relación o vínculo que se da entre esas personas.

En agosto de 2008, lanzamos a Internet esta información, mucho más detallada y bien organizada, en una guía gratuita que se puede descargar del siguiente enlace: http://espanol.abusoemocional.com/guia.html

Esperamos que este material despeje las dudas y las confusiones o malas intepretaciones que hacen algunos lectores, inadvertidamente.

Muchas gracias por seguir leyéndonos y comentando nuestras publicaciones. Siempre aprendemos algo nuevo, nosotros de ustedes y ustedes de nosotros. Por suerte, la vida es un bellísimo aprendizaje continuo.

Les deseamos lo mejor.

Si hay una manera de identificar a un potencial abusador emocional, es mediante ciertas características comunes que suelen repetirse, invariablemente; por ejemplo:

  • Al principio, se muestran como personas sumamente amables y serviciales (ellos son “muy” buenos), suelen ayudar, dan la sensación de que jamás serían capaces de causarle daño a una persona, se presentan como personas muy generosas (con su tiempo, con su dinero, con su paciencia o tolerancia), se ofrecen para ayudar a los demás, se muestran como personas abiertas a cualquier sugerencia o decisión. En resumen, nos hacen sentir muy a gusto y sentimos que no hay nada que temer junto a este tipo de personas que son tan amables y bien dispuestas. Tener dos caras es una de las características más notorias de un abusador emocional. Muestra su cara bondadosa, a la vez que esconde hábilmente su verdadera cara.
  • Luego comienzan a aparecer algunos indicios de “lástima”. Pueden aparecer situaciones o historias pasadas o presentes, dónde el abusador -por haber sido siempre una persona tan buena y amable- es traicionado por alguien egoísta o perverso, un amigo o un familiar en quién el abusador confió de buena fe, pero le traicionó. Aquí, el abusador, que normalmente ya ha plantado una imagen de excelente persona en nuestra mente, se las ingenia para relatar algún hecho, veladamente, de modo que él quede como la víctima de un daño o una estafa, etc.  Esto destaca dos características importantes del abusador: Tergiversa los hechos para quedar como una víctima, y le echa la culpa a los demás por problemas que él mismo generó con anterioridad.
  • Otra de las características importantes del abusador emocional es su habilidad para hacer sentir culpable a los demás, si se apartan o toman distancia. “Cuando hay problemas, siempre te apartas”, “Cuando hay dinero, todos son mis amigos y cuando estoy en bancarrota, todos me dejan solo”, “Cuando necesito que me ayuden, me dan la espalda”, etc.  Si esto lo dijera una persona normalmente saludable, podría entenderse como que esa persona es una verdadera víctima y sus amigos son malvados y egoístas. La realidad es que esto se trata de una maniobra psicológica para manipular a los demás, con el fin de conseguir lo que se quiere. El abusador no tolera que la gente no se someta a sus caprichos, de modo que siempre estará reclamando “ayuda”, pero no en el sentido de una verdadera ayuda, sino en el sentido de consentir sus caprichos y deseos, sometiéndose a su voluntad. La manera de actuar del abusador, a través de la manipulación de la culpa, es característica de este tipo de personas. Obligan a los demás a continuar manteniendo un vínculo enfermizo con ellos, a través de una culpa inducida, paulatinamente… (Si dejas de hablarme, eres una mala persona y no deseas ayudarme).
  • Son personas altamente egoístas. Lo único que verdaderamente les importa es lograr su propósito, y como bien dice el refrán, para el abusador emocional, el fin justifica los medios. Así, en su egoísmo, no dudan en sacrificar hasta el bienestar de todos quienes les rodean, con tal de conseguir lo que quieren. Los padres abusadores suelen sacrificar, incluso, el bienestar emocional de sus propios hijos, con tal de no ceder, de no buscar soluciones verdaderas y definitivas o de no enfrentar sus problemas. (No se divorcian porque no desean perder ni un centavo de su patrimonio, sin importar el impacto que tenga su mala relación sobre los niños, por ejemplo).
  • Con el tiempo, cuando sus deseos no se concretan, se frustran fácilmente y suelen empezar a mostrar su verdadera cara. Siempre que se enfaden, culparán a otros por sus problemas. Si las frustraciones no son subsanadas, los problemas continuarán y la ira aumentará con el tiempo, hasta desatarse un verdadero infierno. Los abusadores emocionales esperan que todos corran a resolverles sus problemas, son personas muy inmaduras que no se hacen cargo de sus estallidos emocionales y esperan que los demás los comprendan, los toleren y -eventualmente-los perdonen siempre.

  • Otra de las características principales es la repetición de los ciclos de abuso emocional. En un ciclo de abuso, primero hay una etapa en que se acumulan tensiones, otra etapa en que se produce un estallido para liberar esas tensiones y se cometen todo tipo de abusos (verbales, físicos, intentos de suicidio o incluso, intentos de matar o dañar a otras personas), y luego -una vez liberadas las tensiones- viene la última etapa, en la que se pide perdón, se hacen todo tipo de promesas (cambiaré, haré un tratamiento, etc.), para luego de cierto tiempo, comenzar el ciclo otra vez.  Es importante destacar que cualquier promesa de cambio o tratamiento que prometa hacer el abusador será sólo una maniobra más para aplacar los ánimos.

Para resumir: los abusadores suelen hacer un “trabajo fino”, mostrándose como personas idealmente amables, serviciales y protectoras. Si mostraran su verdadera cara, desde el comienzo, las personas sanas se apartarían de ellos. Luego empiezan a mostrar signos de “victimización”, relatando situaciones presentes o pasadas, dónde la culpa nunca es de ellos, sino de otras personas. Finalmente, entran en la fase de la exigencia, mostrando estallidos de agresión cuando sus deseos no son satisfechos. Evite llegar a esta instancia, y preste mucha atención a la segunda etapa, cuando relatan situaciones dónde siempre son “víctimas” y nunca tienen la culpa de nada.

Tácticas y Estrategias

Entre las diversas tácticas y estrategias que emplean los abusadores emocionales, hay una que es más frecuente (quizás) que las demás. Se trata de la estrategia del Plan B.

Esta estrategia emplea dos tácticas, la primera es la táctica de agresión y la segunda la de la enfermedad.

En primer lugar, el abusador que no soporta que alguien haga algo que le irrite o fastidie, atacará naturalmente a esa persona. Por ejemplo, si Pedro no soporta ser el número uno en todo, y Ana se compra una casa o un automóvil nuevo, o hace un viaje al extranjero, Pedro se fastidiará mucho y atacará a Ana porque no puede soportar que alguien sea feliz, alcance un sueño, o logre algo en la vida mejor que lo que él tiene.

Así, Pedro le dirige a Ana una serie de insultos, golpes bajos (o golpes físicos) y ataques verbales y emocionales de todo tipo. Ésta es la etapa o táctica agresiva de Pedro.

Si Ana no le responde (como lo haría cualquier persona en su sano juicio), entonces Pedro recurre al dramatismo extremo, pasando a la segunda etapa: la enfermedad (inexistente).

Pedro enferma gravemente (le da un supuesto ataque cardíaco o intenta suicidarse, o cualquier otra enfermedad inventada que llame la atención de los demás) y toda la familia de Pedro correrá para atenderle. Llamarán a un médico, una ambulancia, se pondrán histéricos, reinará el caos familiar y no dudarán en culpar a Ana por la “enfermedad” de Pedro, a pesar de que Ana sólo se limita a hacer su vida sin molestar a nadie. Por el contrario, no sólo no molesta a nadie, sino que es la verdadera víctima ya que recibió los ataques de Pedro, injustificadamente.

Ahora bien, la estrategia general de Pedro o Plan B es, en realidad, la de poder insultar y agredir a una persona impunemente, por no ser capaz de lidiar con su propia frustración. Pedro no trabaja, no hace nada productivo con su vida, bebe alcohol, se automedica con medicamento psicotrópicos consiguiendo las recetas de manera ilegal, tiene el vicio del juego y vive de lo que gana su mujer, quién además, gasta sin límite ni control, por lo que Pedro y su familia siempre están endeudados y viven de una manera muy desordenada.

La falta de moral y de escrúpulos de Pedro, también lo llevan a usar y manipular a sus hijos para que ataquen a Ana de un modo más sutil. O bien les dirá lo que tienen que decir, o hablará en nombre de sus hijos para transmitir sus propias ideas. Por ejemplo: Pedro puede decir: Mi hija llora todo el día y no comprende por qué Ana es tan perversa que quiere destruir nuestra familia y no tiene compasión por nuestra situación, teniendo en cuenta que vivimos endeudados, etc…

Y aquí hay que destacar dos cosas: a) Los hijos de Pedro no tienen ni la menor idea de cuál es el problema y mucho menos tienen intención alguna de tomar partido por alguien o culpar a alguien por la falta de aptitud de sus padres de trabajar, vivir dentro de sus posibilidades económicas, hacer un tratamiento de salud mental, lidiar con las adicciones, etc. Los hijos de Pedro son totalmente ajenos a lo que Pedro quiere hacerle creer a los demás que los niños dicen o piensan.  Y b) Si pedro y su familia viven mal o endeudados no es por culpa de Ana, es por culpa de ellos mismos.

Como Pedro y su mujer no quieren asumir que ellos son los únicos artífices de los problemas que tienen, necesitan echarle la culpa a los demás, siempre. Cada vez que un amigo, un familiar o un vecino, hace algo positivo (comprarse una casa, un automóvil, estudiar, viajar, ganar un torneo deportivo, etc.), Pedro “detona” en un ataque de ira y frustración y pone en marcha su estrategia de ataque y enfermedad o estrategia del Plan B.

La táctica de inventar una enfermedad, durante la segunda etapa de la estrategia, es crucial: ¿Quién puede enfadarse o reprender a una persona que está enferma o sufriendo? y ¿Qué mejor justificativo para agredir a Ana impunemente, que un hombre como Pedro, que supuestamente está loco?

Pero Pedro no está 100% loco. Indudablemente, Pedro tiene problemas graves de salud mental, pero alega que no puede ver a un psiquiatra o psicólogo porque no tiene dinero. Pero sí tiene dinero para sus vicios: el juego, el alcohol, las drogas.

Los abusadores emocionales siempre culpan a los demás por sus problemas y siempre encuentran una justificación para no hacer un tratamiento de salud mental o de abuso de sustancias, alcoholismo, adicción al juego y otros problemas como una mala administración de los ingresos, problemas de pareja, etc.

El abusador vive ejecutando ciclos de abuso emocional, primero agrede, luego enferma gravemente, lo que le permite no ser condenado ni confrontado por sus agresiones o ataques, sino perdonado y justificado porque está “enfermo”.

En este caso, Pedro está enfermo mentalmente en un 50%. Pedro se considera enfermo, o poseído por el diablo, o culaquier otra excusa que tenga a mano o que puea inventar, a la hora de insultar y atacar a los demás, pero casualmente no está enfermo cuando tiene dinero suficiente para pasar horas en un casino, una mesa de póker, un bingo, o cuando su esposa consigue dinero suficiente para irse de vacaciones.

El factor agravante es, precisamente, la segunda táctica o etapa, la de la enfermedad. Porque esta etapa trae un mensaje muy evidente y claro:  Si me juzgan como una mala persona, me están condendando a no recuperarme jamás.  Si me juzgan como una persona enferma que no sabía lo que hacía cuando atacaba a Ana, no tendrán más remedio que comprenderme y tenerme paciencia y aguantar todos mis ataques futuros (porque no soy malo, estoy enfermo).

En general, suele ser difícil lidiar con personas 50% agresivas y 50% enfermas (con problemas de salud mental) que no tienen la menor intención de realizar ningún tipo de tratamiento que les ayude de verdad a solucionar sus problemas. En el caso de Pedro, si Ana (la única y verdadera víctima) responde confrontándolo, Ana será la mala del cuento, la que no desea comprender a Pedro y su familia, la egoísta, etc.  Si Ana ignora a Pedro, también será la mala del cuento (no quiere hacer las paces y perdonar a Pedro), no desea comprenderle, es egoísta, etc.

Cualquier persona mentalmente sana, lo primero que hace es poner una distancia prudente con Pedro y su familia. Lo segundo es evitar “engancharse”, ya sea confrontando a Pedro con la verdad o pretendiendo ser comprensible. Muchas veces, las personas que no logran poner límites y temen represalias debido a una confrontación abierta, prefieren hacer de cuenta que nada ha pasado y continúan teniendo una relación “neutra” o incluso “amistosa” con el abusador.

Lo más saludable es no volver a hablar con esa persona. Los abusadores encuentran víctimas y aliados en cualquier persona que no los ignore. Si uno los ignora, seguirán pensando que uno es egoísta, que no los comprende, que no los quiere perdonar, etc., pero con el tiempo se cansarán y buscarán otras personas que se sí “enganchen” en sus juegos y manipulaciones.

Adoptar una posición neutra o de amigo, no soluciona el problema ya que el vínculo continúa, de alguna manera. Y esto es, exactamente, lo que el abusador quiere: que el vínculo no se rompa o que la relación no se corte.

Si queremos romper con un ciclo de abuso emocional o con una relación abusiva, no podemos continuar fingiendo una relación neutra o de amistad casual. Es necesario terminar con esa relación, sin necesidad de recurrir a la confrontación, sino ignorando al abusador por completo.

Utilizando a los niños

Quizás, uno de los abusos más frecuentes y más nocivos sea la utilización de los niños como mensajeros o como armas para enternecer el corazón de otra persona, de quién se desea conseguir algo.

Los padres que abusan emocionalmente de sus hijos, a menudo suelen utilizarlos para manipular a otras personas. Por ejemplo, les piden que llamen a la persona que se quiere manipular para saludarla o decirle que la extrañan, cuando normalmente, no es algo que los niños acostumbran a hacer, espontáneamente.

¿Quién no siente ternura por un llamado o un mensaje escrito de un niño, sobre todo cuando se trata de algún familiar cercano?

Hay padres que son fieles al lema “el fin justifica los medios” y recurrirán a cualquier artimaña con tal de conseguir lo que quieren, lo que incluye la utilización de sus propios hijos.

La utilización de los niños adopta muchas formas diferentes. Por ejemplo: se le puede negar a una persona que vea sus hijos, sobrinos, nietos, primos, etc. También, se les prohíbe a los niños hablar con esa persona, etc. Éstas son tácticas agresivas abiertas. Pero las tácticas extorsivas encubiertas de la manipulación de una persona a través del uso de los niños, adopta formas que aparentan ser benevolentes.

Como explicamos antes, un padre manipulador puede querer algo particular de un familiar o de un amigo y usa a sus hijos para adular a esa persona que se desea manipular.

El juego psicológico es algo similar a lo que se describe a continuación:

- El padre (o la madre) le piden al niño que llame a su padrino por el cumpleaños (algo que el niño, habitualmente, no acostumbra hacer)

- El padrino del niño se siente gratamente sorprendido, lo cuál lo predispone de buena manera para cualquier tema que se trate a continuación.

- El padre del niño espera unos días y luego pasa a la segunda etapa de “ablandamiento” del padrino (persona a la que desea manipular) – Por ejemplo, lo llama para saber cómo anda, le deja algún mensaje en el teléfono o le manda un mensaje por correo electrónico (La consigna aquí es: “recuerda que somos amigos”)

- Al poco tiempo, el padre manifiesta abierta o sutilmente la verdadera intención de su juego: desea que el padrino forme una alianza con él contra otra persona, o bien puede necesitar que el padrino firme algunos papeles para cerrar un negocio, o dé su aprobación para vender una propiedad, etc.

Todas estas acciones manipulativas se hacen dentro de un marco de cordialidad y diplomacia, ya que es bien sabido que la hostilidad cierra puertas, en lugar de abrirlas.

Si el padrino se rehúsa a apoyar al padre del niño o si no desea formar una alianza con él, firmar papeles, vender una propiedad, etc., entonces – a los ojos de los demás – el padrino es una “mala persona” y el padre del niño es un “mártir”.

Vale decir:

- El padre dirá: ¿Cómo puedes hacernos esto (negarte a lo que te pido), cuando mi hijo te ha llamado por tu cumpleaños y/o yo te llamado para ver cómo estabas, etc.?

El padre abusador, siempre adoptará un papel de mártir o de falsa víctima. Incluso se ofenderá si alguien insinúa o descubre cuál ha sido su verdadero juego Y el padrino, verdadero blanco de la manipulación del padre, quedará como “la mala persona” o la persona “desagradecida”.

En el medio, quedará el niño -o los niños- que son manipulados psicológicamente por un padre o una madre inescrupulosos y amorales.

Los padres (y las personas, en general) que actúan de esta manera, manipulando a los niños para conseguir lo que desean, son personas sumamente bajas y cobardes que no tienen el valor ni la honestidad de discutir un asunto de manera frontal, sincera y adulta.

Cuando un niño actúa de manera que no acostumbra hacer (lo llama seguido, o le escribe, o le envía regalos, o algo similar), preste atención y abra los ojos, es posible que haya un padre abusador manipulándolo detrás.

Los niños son seres transparentes, maleables, bondadosos por naturaleza, y sinceros. Ellos, normalmente, no se niegan a hacer algo bueno, pero no tienen los hábitos sociales de los adultos. Por lo general, hay que recordarles que llamen a sus familiares para saludarlos por su cumpleaños, o los visiten de vez en cuando. Esto es normal, los niños están desarrollándose y creciendo en su propio mundo y las cuestiones sociales de los adultos no es un tema que les interese naturalmente. Hay niños que están más acostumbrados a mantener contacto con sus familiares con mayor frecuencia que otros, pero aún así, cuando un niño – de la nada – tenga una actitud sumamente cordial con usted, que no es frecuente, agradézcaselo de corazón y siga de cerca la actitud de los padres a partir de entonces.

Así, evitará sorpresas y malos ratos.

Amor Prohibido

A veces, las personas se preguntan ¿Por qué deseo tener en mi vida a alguien que me causa daño?

Una y otra vez, vemos cómo sentimos la necesidad de seguir relacionándonos con personas que nos han lastimado, herido o que son muy negativas para nosotros.

Hay dos explicaciones básicas. Una es la que nos proporciona el Dr. Joseph Carver en su artículo “El Amor y el Síndrome de Estocolmo” y la otra es la que podríamos llamar “La Ley del Deseo”, citando el título de la famosa película de Pedro Almodóvar.

Normalmente, en una relación (ya sea de pareja, familiar, de amistad, laboral, etc.), cuando alguien nos hace daño, es natural querer un resarcimiento. Queremos que esa persona se disculpe, queremos que esa persona se ponga en nuestros zapatos y comprenda el daño que nos causó. Queremos que sienta empatía y subsane o repare el daño causado.

En otros casos, también podemos permitir que afloren sentimientos negativos y podemos querer que la persona que nos hirió pague por ello. Podemos querer venganza, podemos desear lastimar a esa persona “para que aprenda a no lastimar a los demás” (un concepto totalmente erróneo, ya que no se aprende nada positivo de esa manera).

Pero también existe una lucha de poder. Muchas veces, vemos a la persona que nos ha lastimado, o engañado, estafado, mentido, herido, como alguien que “nos ganó”. En realidad, una persona así – que va por la vida  causando daño, estafando, engañando gente – no es un “ganador/a“, sino un “perdedor/a“. De modo que no ganó ni nos ganó nada. Por el contrario, salió perdiendo.

¿Qué es lo que esa persona dañina sale perdiendo?

Muchas cosas.  En primer lugar, pierde a alguien sano y bueno, como nosotros. En segundo lugar, pierde credibilidad, y también, pierde la posibilidad de establecer relaciones y vínculos sanos con los demás. En resumen, quien daña a los demás es un perdedor nato.

Y ¿por qué querríamos a alguien así en nuestra vida?

Como explicamos antes, nuestro orgullo herido demanda una compensación por el daño recibido, también nuestro lado oscuro entra en competencia y quiere darle su merecido a ese patán. Pero, ¿alguien que causa tanto daño, vale la pena nuestro esfuerzo?  No, definitivamente no.

Realmente no vale la pena que perdamos tiempo ni que le dediquemos ni una pizca de nuestras energías a quienes nos causan daño. Estas personas ya tienen bastante con elegir ser malas personas, en lugar de buenas personas, y quitarse a sí mismas la posibilidad de establecer relaciones saludables con los demás.

Nuestro lado humanitario y compasivo es el que, en ocasiones, puede impedirnos poner fin a una relación tortuosa. Las personas dañinas buscan, naturalmente, gente compasiva que quiera perdonarles todo, redimirlos, recuperarlos, sacrificarse por ellos, etc. Y manejan a estas personas a través de la culpa, (¿cómo no me vas a ayudar?) o través de la sumisión (los psicópatas tergiversan los hechos de manera tal que parecen tener siempre razón y hasta obligan a sus víctimas a disculparse, en lugar de pedir perdón ellos mismos).

Pero también hay otro factor importante que entra en juego, y es el deseo.  Deseamos aquello que no podemos tener, que nos desafía, que está prohibido, que se nos presenta como un reto; y queremos demostrarle al mundo que podemos vencer ese reto, que podemos trasgedir las reglas y poseer lo prohibido, etc.  Además, de esta manera también queremos demostrarle al mundo (en realidad, a nosotros mismos) que no estábamos equivocados y que es posible recuperar a esa persona, conquistar lo inconquistable o ganar la partida.

Los psicópatas son, por su propia naturaleza narcisista y egocéntrica, personas inconquistables. Para el psicópata, el “otro” no existe. Es sólo un objeto. No tiene en cuenta a las demás personas y sólo las usa a su antojo, para luego descartarlas.

Y esto es precisamente lo que la víctima de un abusador de este tipo ve como un desafío. Dejar de ser un objeto más de la colección de un psicópata. Conquistar a una persona inconquistable, recuperar a una persona enferma o mala, y resarcirse por el daño que ha causado, entre otras cosas.

Ésta es la verdadera razón por la que muchas personas sienten que “quieren un psicópata en sus vidas“, cuando en el fondo, sólo quieren reparar el daño que han sufrido. La persona que ha sido herida o lastimada por un abusador emocional, se siente frustrada e insatisfecha. Se siente infeliz. Y un modo de compensar su frustración es buscar satisfacer aquello que ha quedado pendiente o insatisfecho.

El mejor remedio para esto es comprender que esa persona dañina, si ya dejó de formar parte de nuestras vidas, nos hizo un favor al alejarse. Nadie necesita un abusador en su vida. No nos beneficia en nada, sino por el contrario, no nos permite avanzar en la vida, ni estar bien. Si aún no ha salido de nuestras vidas, es importante hacer todo lo posible por cortar ese tipo de relación enfermiza que no nos favorece en nada.

La gente psciológicamente saludable puede parecer aburrida, si la comparamos con la adrenalina que nos provoca lidiar con la gente psicológicamente enferma. Pero, demás está decir, que una relación con una persona enferma y dañina es una pérdida de tiempo y de energía absoluta, mientras que una relación con una persona que parece “aburrida” (normal) no sólo nos enriquecerá, sino que nos beneficiará y propiciará nuestro crecimiento emocional.

No desee relaciones negativas, deséese lo mejor para usted mismo.

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