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La medida del dinero

El dinero es un parámetro muy útil para medir los valores humanos de las personas.

Hay personas materialistas, personas a quienes el dinero no les interesa en absoluto y personas que son conscientes de la importancia que tiene el dinero en un mundo material, pero no pierden de vista que muchos de los valores humanos más importantes, sino todos, no se compran con dinero.

En nuestra sociedad moderna, al igual que en la antigüedad, el dinero es una herramienta necesaria, es un medio de intercambio para adquirir ciertos elementos que necesitamos para la vida diaria. Necesitamos dinero para pagar las cuentas, para comprar comida, para comprar ropa, para mantener a nuestros hijos, darles educación, capacitarnos nosotros mismos, vivir confortablemente, prever nuestro futuro (cuando nos jubilemos y seamos ancianos) y para muchas otras cosas más, como salir de vacaciones o ir al cine.

Ahora bien, la medida en la que algunas personas se interesan por el dinero es lo que convierte al dinero en un parámetro para medir los valores de las personas.

A los efectos de no juzgar a nadie, vamos a decir simplemente, que hay personas que son muy materialistas y personas que no son materialistas en absoluto. No juzgaremos si está bien o mal ser materialista porque para cada uno, el dinero tiene cierto valor adicional, además de servir como un elemento de pago.

Hay personas que hacen del dinero un Dios, su Dios. Para estas personas, no hay nada más importante en el mundo que el dinero, ya sea su dinero, el de los demás, el de la familia, el de la empresa en la cuál trabaja, etc.  De nuevo, no juzgaremos si esto está “bien” o “mal”. En la vida hay distintos valores y distintas opciones, y cada persona elige aquellos con los que se siente más a gusto.

Así, las personas materialistas suelen darle importancia al dinero y a las cosas materiales. Y quizás, esto es lo que las hace felices, quizás ésa es la razón de su existencia, acumular grandes sumas de dinero o gastar grandes sumas de dinero en artículos costosos, lujosos o de una marca determinada. Es un estilo de vida. Hay personas que amasan una gran fortuna a lo largo de su vida y no les importa si no tienen con quién compartirla, simplemente son felices contando sus ahorros.

Por el contrario, hay quienes no podrían ser felices si guardaran mucho dinero y no lo compartieran con sus seres queridos, con otras personas más necesitadas, etc. Hay personas que no le dan ningún valor al dinero y son felices con pequeñas cosas de la vida como admirar un paisaje o compartir una velada con amigos, cantando canciones, etc.

Son elecciones que cada uno hace. Hay quienes eligen darle al dinero un valor por demás exagerado, y quienes se van al otro extremo y no le dan ningún valor en absoluto.

Idealmente, un equilibrio saludable entre ambas posturas sería lo mejor. El dinero tiene valor, representa el esfuerzo con que lo ganamos y es una herramienta que nos permitirá mantenernos y mantener una familia, si es que la tenemos. Pero lo más importante del dinero es -quizás- que nos sirve para medir con qué intenciones se nos acerca la gente.

Lamentablemente, en el mundo hay muchos “parásitos” que pretenden vivir del esfuerzo ajeno, como también están quiénes no dudan en “explotar” laboralmente a las personas necesitadas, o manipularlas a través del dinero.

Cualquier relación saludable, ya sea de amistad, de pareja, laboral o familiar, debe contemplar el respeto por la otra persona como principio fundamental. El dinero es sólo eso, dinero. El respeto es algo que no se compra con dinero. Tampoco se impone por la fuerza ni a través del temor. El respeto se gana, respetando a los demás.

Uno de los tipos de abuso más frecuentes, es el abuso emocional o manipulación psicológica, a través del dinero. Cuando hay un desequilibrio económico entre dos personas, se requiere mucho respeto humano para no someter ni dejarse someter, económicamente.

Cuando trabajamos en relación de dependencia, por ejemplo, realizamos un trabajo y recibimos un salario. Ese salario debería ser digno. En muchos sitios, los salarios no sólo no son dignos, sino también son insultantes. Esto degrada moralmente a una persona. Incluso hay empleadores que aprovechan una situación económica difícil y les hacen sentir a sus empleados como si les estuvieran haciendo un favor al pagarles un salario miserable. Ésta es una forma de abuso emocional, a través del dinero.

Pero también suele suceder que algunos empleados exigen y hacen valer todos sus derechos a través de los sindicatos, pero no trabajan como deberían. Esto es algo que vemos con mucha frecuencia en ciertos políticos. Hay diputados y senadores que cobran salarios jugosos y trabajan un 10% de lo que deberían. El resultado es que el pueblo paga esos salarios con sus impuestos, mientras estos políticos gozan de una buena vida sin hacer su trabajo. Algo bastante habitual en los países en vías de desarrollo. Esto también es un abuso.

Algo similar sucede a veces en las parejas, dónde una de las partes tiene todo el control de las finanzas y la otra no.

Las personas con las que debemos tratar día a día, en los distintos ámbitos de nuestra vida, tienen distintos puntos de vista, distintos estilos de vida, distintas maneras de ver y enfocar los problemas, etc. También tienen distintas opiniones con respecto al dinero y al mundo material. Hay personas inescrupulosas y personas éticas. Hay personas que no dudarán en robar o estafar y personas que nunca robarían ni estafarían a nadie.

Y por esta razón, es importante que utilicemos el dinero como parámetro para medir los valores de la gente. ¿Estamos ante la presencia de una persona que valora el dinero, valora su trabajo, valora la ética y respeta a las otras personas de la misma manera que espera le respeten? o ¿Estamos ante una persona bohemia que no le da ningún valor al dinero y que vive en cualquier parte que le permitan vivir, come cuando consigue comida, se viste con ropa usada o prestada, etc.? O bien ¿Estamos ante una persona que cree que el dinero es lo más importante en la vida, incluso más importante que los seres humanos en sí?

Es importante conocer cuáles son los valores de las demás personas porque, finalmente, aquellas personas con quienes compartimos los mismos valores serán con quienes nos sentiremos a gusto y podremos compartir muchas cosas en la vida. Cuando no compartimos los mismos valores (en una pareja, en una familia, en un empleo), acabaremos distanciándonos de esas personas o renunciando a ese empleo porque no nos sentiremos a gusto allí.

El dinero y el amor son dos cosas completamente distintas, casi diríamos que son opuestas. Quién nos ama nunca nos pedirá nuestro dinero y tampoco intentará comprarnos. Pedirle a una persona que sacrifique sus posesiones materiales en nombre del amor, no es respetar ni amar a esa persona, es humillarla. Lo mismo ocurre cuando una persona intenta “comprar” a otra con dinero.

En una pareja, en una familia, en una relación laboral, el dinero debe ser equitativo, cualquier transacción deberá ser justa y equitativa, en un marco de respeto, dónde ambas partes ganen. Cuando una persona somete a otra o bien, cuando una persona “compra” a otra, podemos tener la certeza de que no hay respeto, y sin respeto, no hay amor.

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Dar y Recibir

Algunas personas dan mucho por naturaleza, mientras que otras parecen tomar o recibir sin límite.

Los intercambios saludables exhiben un equilibrio entre las acciones de dar y tomar (o recibir).  Cuando nos encontramos frente a una persona que toma y absorbe todo lo que le brindamos como una esponja, pero rara vez da algo a cambio, es muy factible que se trata de un abusador emocional.

¿Por qué?

Porque mientras usted da, la otra persona recibe ilimitadamente. Usted le puede estar brindando o dando gratuitamente algunas de las siguientes cosas (o todas):

- Su tiempo

- Su atención

- Su espacio (un lugar en su casa o en su trabajo)

- Su dinero

Además, quizás usted termine compartiendo con esa persona “tomadora”, cosas que tienen que ver con su privacidad, como sus amistades o su familia. A veces, llegamos a un punto dónde nos preguntamos: “¿En qué momento pasamos de tener una simple relación de “conocidos” a una relación en la compartimos casi toda nuestra vida con esta persona que ahora nos invade?”

Los “tomadores”, que suelen vivir a expensas de nuestras energías, por lo general desaparecen de nuestra vida cuando somos nosotros quienes necesitamos algo de ellos. Si usted siempre le presta el oído a una persona que no cesa de contarle sus problemas o que necesita atención permanentemente, basta con que usted deje de prestarle atención o de oír a esa persona e intente contarle algo suyo, para que esa persona “se borre” de su vida.

Las personas “tomadoras” suelen usar a la gente. Por lo general son personas muy inseguras, que muchas veces presentan un nivel de histeria y narcisismo muy importante. Necesitan llamar la atención, ser el centro de atención a cualquier precio, necesitan que uno siempre esté a su disposición y listo para escucharles o brindarles un consejo.

Y si usted se enferma, se ausenta o se siente mal y se retrae, las personas tomadoras o “usadoras”, ya no podrán succionar su energía, por lo que usted dejará de servirles y difícilmente se acerquen a preguntarle qué le pasa.

Si usted tiene un problema e intenta compartirlo, estas personas huirán de su lado con cualquier excusa. A diferencia de los verdaderos amigos o de las personas que establecen vínculos de intercambio personal saludables, estas personas no tienen ningún interés en “dar”, sólo les interesa recibir.

Por esta razón, una de las estrategias más eficaces para erradicar este tipo de parásitos de su vida, es precisamente “dejar de dar” y empezar a “demandar”. Las personas tomadoras no disfrutan de los intercambios saludables. Como dijimos antes, sólo les interesa lo que pueden tomar o recibir de los demás, pero no tienen ninguna intención de dar nada a cambio.  Y esto incluye cosas tan básicas como prestarle atención a otra persona o prestarle el oído.

Para la persona tomadora, los demás son menos importantes y todo el mundo debería estar pendiente de lo que él o ella necesita o hace. Las personas saludables, en cambio, tienen un sentido equilibrado del dar y el recibir. Disfrutan dar y recibir en igual medida, no abusan de la generosidad ni de la paciencia de los demás.

Finalmente, cabe destacar que los límites frente a una persona tomadora o usadora los debe poner cada uno. La persona que ama recibir sin dar nada, es decir, el “tomador”, no es precisamente quién pondrá los límites a una relación abusiva, los límites debemos ponerlos nosotros.

Entonces, deje de dar tanto, aprenda a pedir y a recibir en igual medida.

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Tener las Cosas Claras

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Quien no tiene sus ideas claras, tiene altas probabilidades de perder una negociación o discusión, de cualquier tipo y naturaleza que sea.

Muchas veces, cuando nos sentamos a dialogar para llegar a un acuerdo o cuando discutimos un problema, nos desordenamos un poco. Sabemos lo que queremos, o bien, sabemos lo que no queremos.  Pero, a veces, no contamos con la claridad necesaria para evaluar qué posibilidades tenemos de ganar o perder una discusión, o una negociación.  A veces, nos olvidamos de tener en cuenta qué imprevistos pueden surgir, nos olvidamos de que no tenemos control sobre las emociones y las reacciones o respuestas de los demás. E incluso, en ciertas ocasiones, también suele pasar que no imaginamos que vayamos a reaccionar de determinada manera.

Tener las cosas claras significa mucho más que saber qué es lo que queremos y qué es lo que no queremos. Significa evaluar todas (o casi todas) las opciones y situaciones posibles, significa estar consciente, a cada momento, de cómo reaccionamos, emocionalmente, frente a lo que la otra persona nos está diciendo.

A veces, la gente cree que planificar y tener las ideas claras, es algo así como:”Le diré esto, y entonces, cuando me responda aquello, le contestaré así”… pero, ¿qué sucederá si las cosas no ocurren de ese modo?

Tener claridad de pensamiento ayuda a no dejar cabos sueltos, aumenta las posibilidades de llegar a un acuerdo o de lograr una negociación favorable.

Por lo que refiere a estar consciente de nuestras emociones, podemos decir que una de las cosas más importantes, es tener noción de cómo vamos a exponer lo que deseamos discutir, analizar o negociar. ¿Vamos a exponerlo empleando un tono quejoso y lastimoso? ¿Vamos a sentarnos a hablar de un modo prepotente y arrogante? o ¿vamos a dialogar de una manera adulta, asertiva y abierta, dispuestos a oír a la otra parte?

Cuanta mayor apertura tengamos, mejores herramientas tendremos para evaluar a la otra persona, sus reacciones y sus ideas. Esta toma de consciencia propia y de los demás, es una herramienta poderosa que, no sólo nos ayudará a aclarar muchas cosas, sino también, nos permitirá negociar desde una posición mejor o más ventajosa.

Quien intenta negociar en medio de una situación caótica, sin tener sus ideas claras, sin tener el menor registro de sus emociones y de las emociones ajenas, está condenado al fracaso.

Es importante, entonces, sentarse a negociar habiendo analizado todas las variables, antes de la negociación. Ya se trate de una discusión pertinente a una relación de pareja (por ejemplo, cuando las cosas han tomado un rumbo que no es satisfactorio y es imperioso hacer cambios), o bien, una negociación de salario o de mejora laboral, de algún tipo, siéntese a hablar con la otra persona con la mayor claridad y apertura posibles, ya que eso es precisamente lo que le permitirá estar en una posición más ventajosa.

Si tiene que tomar una decisión definitiva, tómese todo el tiempo que sea necesario para evaluar todas las consecuencias, antes de sentarse a hablar con la otra persona y comunicarle tal decisión. Cuando nos ponemos a discutir “en caliente” o “en el fragor de la batalla”, lo más factible es que nuestros argumentos se desvanezcan en unas pocas horas y cambiemos de opinión, radicalmente. Las decisiones importantes no se toman impulsivamente, se toman luego de pensarlo detenidamente y una vez que tengamos un 90% de certeza respecto de la claridad de nuestras ideas, nuestros sentimientos y las posibles consecuencias de nuestras propuestas o decisiones.

La claridad le abrirá caminos, la falta de ella, lo llevará a caminar en una nebulosa de confusiones.

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Carencia de Estructuras

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Un ambiente demasiado estructurado puede ser tan nocivo como un ambiente carente de estructuras. Una estructura brinda cierto orden que nos ayuda a organizar nuestra vida.

Así como durante nuestra infancia y adolescencia nos dedicamos a estudiar, durante nuestra vida adulta nos dedicamos a trabajar y cuidar de nuestros hijos y nuestros padres ancianos, proporcionándoles una estructura que les brinde contención y seguridad.

¿Qué entendemos por “estructura”?
Según la primera definición de la lengua española, una estructura es la distribución y el orden de las partes que componen un todo.

El concepto de orden, distribución y organización aporta un marco de referencia y seguridad en los distintos aspectos de la vida de un ser humano.

Cuando una persona carece de estructura, suele decirse que esa persona vaga por la vida, sin rumbo.

En la niñez, los padres son los responsables de organizar la vida de los niños. Así, los adultos establecen horarios (hora de comer, de irse a dormir, de ir a la escuela, de jugar, de asearse, de ayudar en la casa, etc.), asignan tareas (en la casa, en la escuela o en la comunidad), establecen reglas y pautas de convivencia, límites saludables, lo que les permite a los niños crecer y desarrollarse adecuadamente, impartiéndoles un sentido de auto confianza y seguridad.

Pero, no todos los niños tienen la suerte de criarse dentro de una estructura que los contenga y los guíe. Hay muchos niños que se crían en la calle o que viven con padres que no cumplen la función que deben cumplir los padres. Hay niños cuyos padres se drogan o tienen problemas de alcoholismo, o niños que crecen en un ambiente caracterizado por la violencia doméstica. Hay padres que envían a sus hijos a trabajar a la calle, desde temprana edad, y padres que no satisfacen las necesidades básicas de sus hijos, ya sean necesidades emocionales, físicas, educativas, de salud, etc.

También hay sociedades enteras que descuidan las necesidades de los niños, ya sea por una carencia total de estructura o por estructuras arcaicas y rígidas. Algunas comunidades muy liberales consideran que los niños deben criarse sin límites, mientras que otras obligan a los niños a contraer matrimonio desde una temprana edad o limitan sus opciones y, por ende, los niños crecen en un ambiente sumamente restrictivo.

Las estructuras son necesarias para que los niños se críen saludablemente. Las estructuras rígidas no les permiten a las personas desarrollarse y la falta o carencia de estructuras, tampoco.

No es raro ver adolescentes a la deriva, sin un proyecto de vida a futuro, que se convierten en adultos jóvenes que andan totalmente perdidos por la vida. En muchos casos, esa falta de proyecto de vida es una respuesta a una falta de estructura durante sus años anteriores. Cuando los padres no cumplen la función de padres y se comportan como adolescentes, quedando a la par de sus hijos, se desdibujan los límites de la relación padre-hijo y los menores quedan boyando a la deriva, como cáscara de nuez en un océano.

La falta de una estructura razonable también es nociva por la vulnerabilidad que le confiere a un niño o adolescente. Por ejemplo, un adolescente que ha sido criado en un ambiente carente de estructuras, límites, orden y organización, está más expuesto a ser influenciado por otros individuos que pueden meterle en problemas.

En el caso de los adultos jóvenes que no han tenido estructuras de referencia previa en su vida, es común ver cómo cambian de empleo constantemente, no se sienten satisfechos con ninguna pareja, no tienen claro qué quieren hacer en su vida y con su vida, aunque aparenten estar seguros de lo que quieren. Las estructuras proporcionan seguridad. Las personas que han tenido alguna estructura saben cómo actuar en momentos de crisis, sin ahogarse en un vaso de agua ante el menor problema. Quienes no la han tenido, por el contrario, creen que cualquier problema es el fin del mundo y no saben cómo resolver cuestiones simples de la vida diaria.

Entre los niños y los adolescentes, también es común ver que muchos se avergüencen de la conducta infantil de sus padres. Trabajar y cubrir las necesidades básicas de una familia, no lo es todo. También es importante brindarles a los hijos una estructura emocional.

Un padre (o una madre) puede trabajar y mantener un hogar, mandar a sus hijos a la escuela, asegurarse de cuidar la salud física de estos, pero quizás descuide la salud emocional de los niños. Una de las cosas más importantes que debemos tener siempre presente, es que los niños aprenden de acuerdo a sus propias experiencias y teniendo muy en cuenta las conductas de los padres.

Si un niño o adolescente oye a sus padres decir que no deben drogarse, pero al mismo tiempo los ven hacerlo, queda claro que el mensaje que recibe en niño o adolescente es confuso, por lo que decidirá que sus padres no son coherentes, confiables, seguros, etc.

Los niños necesitan un modelo sobre el cuál construir su propia personalidad. Y a veces, no lo toman de los padres sino de otros adultos. Por esta razón, es importante que los padres sepan con qué adultos se relacionan los niños y los adolescentes y cuál es el impacto de esas relaciones en la vida de los menores.

Los padres que no aportan una estructura segura son como un andamiaje defectuoso. Pueden sostener al niño por un tiempo, pero a la larga, éste se desmoronará. Las estructuras, sin necesidad de ser rígidas, aportan un andamiaje sólido que no le permitirá al niño o al adolescente, derrumbarse emocionalmente, en los momentos en que mayor seguridad y contención necesite.

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Nivel de Tolerancia

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Las personas se sienten más o menos cómodas según su nivel de tolerancia y su nivel de autoestima.

A mayor autoestima, más selectivos somos y, curiosamente, presentamos un nivel de tolerancia más bajo ante las conductas agresivo-pasivas, mientras que mostramos un nivel de tolerancia más alto a la frustración, por ejemplo.

En el caso de las víctimas de abuso emocional o maltrato psicológico, aún cuando ese abuso o maltrato haya ocurrido durante la niñez o un pasado no inmediato, su nivel de autoestima tarda más restablecerse. Así, es común ver que las víctimas de abuso emocional, que aparentemente han superado sus problemas, muestran secuelas a través de sus niveles de tolerancia.

Estas personas suelen presentar un nivel de tolerancia muy alto a las agresiones verbales, la discriminación, las humillaciones o la descortesía, incluso si son sutiles o subliminales. Su apego por las conductas agresivas de terceros no ha variado, simplemente se ha disfrazado de sutilezas. Esto es especialmente marcado en el caso de las víctimas de abuso emocional que presentan importantes características de la personalidad histriónica (histeria).

Estas personas aceptan cualquier comentario, por muy derogatorio que sea, con tal de no quedar fuera de tema, parecer más modernos y superados que los demás, lo que les permite a su vez, mostrar un falso nivel de autoestima saludable.

Asimismo, las personas que aún le dan la bienvenida a las agresiones verbales y no logran poner límites, casualmente son quienes presentan el nivel más bajo de tolerancia a la frustración. Prefieren elegir sacrificar su salud emocional antes que renunciar a una relación con un abusador.

Las personas emocionalmente saludables, que gozan de un nivel de autoestima igualmente saludable, no necesitan humillar, discriminar, maltratar ni ser descorteses con nadie. Y, como es de esperar, tampoco tienen intención de establecer relaciones con quienes abusan verbalmente de otros.

Los niños suelen ser muy demandantes, no toleran la espera, no toleran que no se les preste atención inmediata y suelen aceptar cualquier tipo de intercambio, por muy negativo o abusivo que sea, con tal de sentirse queridos, reconocidos y sentir que forman parte de una relación o un grupo, sin quedar afuera. Con las víctimas de abuso emocional, que aún no han superado el maltrato psicológico que recibieron en el pasado, pasa algo muy similar. No toleran bien la frustración, no desean terminar una relación, por muy degradante que sea, no toleran que no se les preste atención, y sobre todo, toleran y aceptan cualquier agresión gratuita por temor a poner límites y hacerse respetar como personas.

El valor que cada uno tiene es el valor que cada uno se da, es también el lugar que cada uno se da en el mundo. Y el tipo de relaciones que cada uno establece son aquellas que decide establecer con las personas que tienen un nivel de autoestima similar.

Los abusadores existen por sí mismos, no es culpa de las víctimas de abuso emocional que existan personas que disfruten maltratar, insultar o humillar a otras. Pero una de las cosas más importantes que las víctimas de abuso pueden hacer es no alimentar ni alentar el juego de los abusadores.

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