Una mujer le comentaba a su abogado: “Le juro que parecía buena persona, nunca pensé que me fuera a meter en semejante problema”. La mujer había sido detenida al intentar cruzar la frontera entre Argentina y Brasil, llevando un encargue que le pidió un amigo. El encargue era algo inofensivo, no se trataba de drogas ni de sumas de dinero ni de documentación comprometedora. Su amigo le había pedido algo simple, varias revistas para hombres que, en realidad eran muchas, por lo que la mujer las colocó en un bolso de mano.
Al pasar por la aduana fronteriza, ingenuamente mostró el bolso y su contenido, sin saber que no está permitido pasar material de esa índole y mucho menos en una cantidad que resultaba sospechosa. No sólo quedó demorada unas horas, sino que tuvo que pagar una multa bastante importante por el contrabando. Pagó la multa, su fianza y siguió su camino, sin las revistas porque se las retuvieron en la aduana.
Un abusador hace este tipo de cosas. No mide si pone en riesgo a una persona con tal de conseguir lo que quiere. Y los abusadores emocionales suelen cometer este tipo de actos, aparentemente, sin importancia alguna, y poco a poco, van ganando terreno.
La mujer en cuestión, realmente se sentía muy atraida por su amigo, si bien no eran nada más que amigos. Pero en su afán por agradar al caballero (que de caballero tenía muy poco), estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él. Éste es uno de los signos que los abusadores detectan instantáneamente en sus víctimas: la buena disposición y voluntad de hacerles cualquier favor. Favor que bien podrían pedírselo a otro hombre, pero se lo piden a la víctima potencial, ya que ella estará encantada de hacer algo por él… aunque le cause un problema personal.
Cuando se le explica a una víctima que su amigo ha actuado mal, ya que no debió pedirle ese favor, la víctima no duda en defender al abusador. Por lo general, lo primero que dicen es: “Seguramente, el no sabía que podía pasar esto, de lo contrario no me lo hubiera pedido”.
Cualquier cosa que le digamos a la víctima acerca del abusador, hará reaccionar a la víctima en favor del abusador, defiéndolo y atacando a los demás, ya que ellos “no comprenden nada”.
Entre los signos y síntomas de las personas abusadoras, están este tipo de pedidos desubicados y excesivos. Parecen inocuos, pero no lo son. ¿Quién no ha traído algo de un viaje y no lo ha declarado al ingresar de nuevo al país? Todos lo hemos hecho. Hemos comprado ropa o artículos de electrónica y no los hemos declarado. Pero, eso no quiere decir que estemos exentos de correr un riesgo importante si traemos un cargamento de revistas de contenido adulto, por ejemplo.
Para evitar este tipo de abusos hay que hacer dos cosas fundamentales: Informarse bien acerca del “favor” que nos pida un amigo, y lo más importante: abrir bien los ojos y aceptar que una persona que nos pide un favor que puede meternos en problemas, más que un amigo es un enemigo.
Uno de los problemas fundamentales de los distintos tipos de abuso radica en que las víctimas se autoengañan y no quieren oír a nadie que les diga lo contrario a lo que desean oír. Las víctimas se cierran a la verdad, a la realidad, a los hechos y justifican a sus abusadores. Así, estos abusadores van ganando pequeñas batallas hasta el punto en que la víctima queda convencida que sus amigos y su familia no la apoyan ni la comprenden (sólo porque le dicen la verdad, con la esperanza de ayudarla).
De nuevo, para evitar ser víctima de un abusador es importante darse cuenta que los abusadores suelen ser realmente encantadores y que una persona psicológicamente sana no nos pediría que hagamos nada que pudiera ponernos en riesgo.
El autoengaño es el peor camino para librarse de un abusador. Piénsalo.




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