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Desequilibrio Químico

El “Desequilibrio Químico”

en los Problemas de Salud Mental

Joseph M. Carver, Ph.D., Psicólogo Clínico

Este artículo ha sido elaborado y redactado para ser usado como un folleto para pacientes. Puede ser reproducido o copiado para brindar información para pacientes.

Introducción

A través de los años, los avances en la neurología y la investigación han simplificado la manera en que los psicólogos, psiquiatras, y otros profesionales, diagnostican y tratan los problemas de salud mental. A lo largo de más de cien años de tratamientos de salud mental, los síntomas y las conductas relacionadas con ciertas enfermedades mentales continuaron siendo los mismos. Los trastornos sicóticos, en los cuáles las personas frecuentemente no pueden distinguir entre la realidad y sus fantasías, aún tienen alucinaciones auditivas. Las personas deprimidas aún no pueden dormir y continúan preocupándose por el pasado. Los niños hiperactivos (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad o ADHD, por sus siglas en inglés) aún exhiben un nerviosismo incontrolable.

Cuando los pacientes comenzaron a acostarse en el diván de los psiquiatras psicoanalíticos por primera vez, las personas deprimidas hablaban de su pasado. Esto llevó a los padres de la psicología y la psiquiatría a pensar que los problemas que comenzaban en la infancia causaban muchos problemas de salud mental. Peri quedaban muchas preguntas sin responder. ¿Por qué podría una mala relación con la madre causar la pérdida de apetito que se encontraba en los casos de depresión, especialmente cuando los problemas de la alimentación sólo habían comenzado varios meses antes de la sesión?  ¿Por qué extraño mecanismo podía un problema de la infancia causar una alucinación auditiva, normalmente muchos años después del acontecimiento traumático informado?  Muchas personas tuvieron infancias difíciles, pero no sufren de alucinaciones ni tiene problemas de apetito.  Quedó claro que muchos problemas de salud mental también tenían un componente físico que involucraba cambios en la concentración, el sueño, el apetito, el patrón del habla, el nivel de energía, las percepciones (alucinaciones), y la motivación. Se iniciaron estudios para determinar la conexión, si había alguna, entre la enfermedad de un paciente y los signos o síntomas físicos que también estaban presentes.

Se pudo comprender el cuadro más fácilmente cuando se descubrieron unas sustancias químicas del cerebro llamadas “neurotransmisores”. El cerebro consiste de billones de neuronas o células que se comunican entre sí. La comunicación entre las neuronas mantiene todas las funciones corporales, nos informa cuándo se para una mosca en nuestra mano, o cuándo sentimos dolor.  La comunicación entre las neuronas está controlada por el tipo y los niveles de neurotransmisores del cerebro.  Los neurotransmisores son sustancias químicas que controlan y crean señales en el cerebro entre las neuronas y dentro de las mismas.  Sin los neurotransmisores, no existiría comunicación entre las neuronas. El corazón no recibiría ninguna señal para latir, los brazos y las piernas no se moverían, etc.

A medida que se fue descubriendo más información sobre los neurotransmisores, comenzamos a identificar cuáles neurotransmisores controlaban ciertas funciones del cuerpo o cuáles se relacionaban con ciertos problemas emocionales o psiquiátricos. Se encontró que la serotonina, un neurotransmisor, estaba relacionada con la temperatura del cuerpo y el inicio del sueño.  La investigación también identificó que la serotonina estaba relacionada con la depresión y, posteriormente, con una serie de enfermedades de salud mental como la anorexia y el trastorno obsesivo compulsivo.

Conforme continuaba la investigación sobre los neurotransmisores, los estudios entre los neurotransmisores y las enfermedades mentales revelaron una importante conexión entre las cantidades de ciertos neurotransmisores del cerebro y la presencia de enfermedades psiquiátricas específicas. Para usar un ejemplo de la vida diaria, nuestro automóvil funciona usando una diversidad de líquidos como el aceite del motor, el líquido de transmisión, el líquido de frenos y el refrigerante (anticongelante). Cada automóvil tiene una manera de medir los niveles o las cantidades de cada uno de esos líquidos necesarios, como por ejemplo la vara de medición del aceite y el líquido de transmisión y los indicadores que marcan los niveles del líquido de frenos y del refrigerante. Cuando usamos la vara para medir el aceite del motor, por ejemplo, podemos encontrar que le falta uno, dos, o hasta tres cuartos menos. También, después de un cambio de aceite reciente, la vara de medición puede indicarnos una cantidad excesiva de aceite en el motor. Para funcionar correctamente, todos los niveles de los líquidos deben estar dentro del “rango normal” que indica la vara de medición. Cuando nos hacemos un análisis de sangre, se muestran los valores de ciertos componentes de la sangre y también se muestran los valores del “rango normal”, lo cuál indicará si los componentes químicos están por debajo o por encima del rango normal.

La investigación neurológica ha identificado más de cincuenta (50) neurotransmisores del cerebro. La investigación también nos explica cuáles neurotransmisores se relacionan con los problemas de salud mental: Dopamina, Serotonina, Norepinefrina y GABA (Ácido Gama Aminobutírico). Hoy se sabe que demasiada concentración o una baja cantidad de estos neurotransmisores produce enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia, la depresión, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo compulsivo y el ADHD.

Desafortunadamente, el cuerpo no tiene una vara de medición interna para medir los neurotransmisores, al menos una que no sea costosa para la práctica comunitaria de la salud mental. Las hay como las técnicas de diagnóstico por imágenes, como las tomografías de emisión de positrones (PET) que se utilizan en la  investigación y en la elaboración de medicamentos que influyen directamente sobre los cambios de ciertos neurotransmisores específicos. Como la mayoría de los profesionales no cuenta con un tomógrafo PET, evalúan los niveles de los neurotransmisores mediante indicadores del pensamiento, la conducta, el estado de ánimo, la percepción, y/o el habla, que se considera que están relacionados con ciertos niveles de algunos neurotransmisores.

Quizás esto se ilustra mejor en personas con un estado de ánimo deprimido. Con frecuencia, el profesional de salud mental necesita separar aquellas personas que se beneficiarían con una terapia y aquellas que necesitarían una terapia y medicación antidepresiva. La clave está en buscar esos síntomas que se conoce que están relacionados con los cambios químicos del cerebro. Por ejemplo, una depresión circunstancial, a menudo produce expresiones de tristeza o preocupación, una actitud pesimista y otras características, pero no genera cambios prolongados en los síntomas físicos como cambios en el interés sexual, el apetito o el sueño. La presencia continua de los síntomas físicos nos dice que los niveles de los neurotransmisores del cerebro han cambiado.

Los aspectos técnicos de los niveles de los neurotransmisores, los síntomas psiquiátricos que producen y cómo se han desarrollado medicamentos para elevar o disminuir los niveles de estos neurotransmisores en el cerebro pueden ser muy complicados. Por esta razón, con frecuencia se usa el mismo procedimiento que se usa para explicar otras enfermedades dónde los medicamentos llevan los síntomas nuevamente al “rango normal”. A los pacientes médicos con un nivel de presión arterial alta, a un alto nivel de azúcar en sangre o de colesterol se les informa que los componentes químicos de su sangre están demasiado altos, o en algunos casos, demasiado bajos y deben corregirse con medicación.

Durante muchos años, los profesionales de salud mental han usado el término “desequilibrio químico” para explicar la necesidad de medicamentos que se usan para tratar las enfermedades mentales. Esta explicación simple que se usa comúnmente, reconoce que la enfermedad es un problema médico y que puede ser tratada con medicamentos. La explicación del “desequilibrio químico” también refleja el tema general del tratamiento: identificar cuáles neurotransmisores están involucrados en el cuadro sintomático y con la ayuda de la medicación, intentar volver a los neurotransmisores a su nivel adecuado dentro del “rango normal”.

Los Niveles de los  Neurotransmisores y su Salud Emocional

Su salud emocional es una combinación de actitudes, personalidad, sistemas de apoyo y los niveles de los neurotransmisores de su cerebro. Actitudes positivas y una personalidad saludable nos ayudan a atravesar las dificultades de la vida y un buen sistema de soporte de la familia y los amigos también es valioso durante los tiempos difíciles. A pesar de contar con estos recursos, hay veces en que lidiar con nuestras experiencias y acontecimientos de vida cambia el estado de nuestros neurotransmisores. Al igual que un automóvil recalentado, comenzamos a tener dificultades para funcionar adecuadamente.

Todos corremos el riesgo de sufrir cambios en la química de nuestro cerebro. Más comúnmente, experimentaremos depresión, ansiedad o reacciones de estrés.  A medida que nuestros neurotransmisores cambian, traen con ellos síntomas, conductas y sensaciones adicionales que se suman a nuestras dificultades del momento. Reconocer estos cambios es una parte importante del tratamiento que le permitirá volver a su vida normal y reducir su estrés.

A menudo se ofrece esta explicación para mostrar cómo el sistema de neurotransmisores del cerebro puede crear enfermedades psiquiátricas y problemas de salud mental. Se espera que la explicación brinde información valiosa para aquellas personas que sospechan que su sistema de neurotransmisores es el que están creándole problemas de alimentación.

La siguiente información habla acerca de los neurotransmisores y los conceptos actuales sobre cómo están involucrados estos neuroquímicos en las enfermedades psiquiátricas. Cuatro neurotransmisores, de los más de cincuenta, están siendo investigados exhaustivamente y se conoce que están relacionados con enfermedades psiquiátricas.

Dopamina: desde la Enfermedad de Parkinson y el ADHD hasta el Tabaquismo y la Paranoia

La dopamina es un neurotransmisor vinculado con los trastornos motores o del movimiento, el ADHD, las adicciones, la paranoia y la esquizofrenia. La dopamina tiene una fuerte influencia sobre las áreas motoras y del pensamiento del cerebro.

Un tipo de dopamina trabaja sobre el sistema motor y del movimiento del cerebro. Cuando el nivel de dopamina cae por debajo del “rango normal” comenzamos a experimentar problemas motores y de motricidad gruesa. Niveles muy bajos de dopamina en las áreas motoras del cerebro producen la enfermedad de Parkinson con síntomas como:

Parálisis y rigidez muscular

Postura inestable o encorvada

Pérdida del equilibrio y la coordinación

Trastornos en el andar (patrón de caminar)

Movimientos lentos y dificultad con los movimientos voluntarios

Caminar con pasos cortos o pequeños

Dolores musculares

Temblores y espasmos

Expresión facial fija o como si fuera una máscara

Habla lenta, monótona

Deficiencia de las habilidades de motricidad fina

Caerse mientras camina

Deficiencia de las habilidades cognitivas o intelectuales

La dopamina de las áreas de pensamiento del cerebro se considera como el neurotransmisor de la concentración y la atención. Bajos niveles disminuyen nuestra capacidad de concentrarnos en nuestro ambiente o “enfocarnos” en tareas, actividades o conversaciones. Bajos niveles de dopamina dificultan mucho la concentración y la atención, por lo que estos bajos niveles también se asocian con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad o ADHD, por sus siglas en inglés (ADHD).  En el otro extremo del nivel de la dopamina, cuando aumentan los niveles de dopamina en el cerebro, nos sentimos excitados o energizados, luego nos volvemos sospechosos y paranoicos, y finalmente hiperestimulados por nuestro ambiente. Con bajos niveles de dopamina, no logramos concentrarnos, mientras que con altos niveles de dopamina nos centramos demasiado y muy intensamente hasta el punto de enfocarnos en cada cosa de nuestro ambiente como si estuviera directamente relacionada con nuestra situación.

Los incrementos leves de la dopamina se asocian con las adicciones. Nicotina, cocaína y otras sustancias producen un estado de euforia excitante cuando se incrementan los niveles de dopamina en el cerebro. Cuando hay demasiada concentración de estas sustancias o componentes químicos, nos sentimos “energizados” ya que los niveles moderados de dopamina nos hiperestimulan – y le prestamos demasiada atención a nuestro ambiente por esta sobre estimulación y no logramos separar lo que es importante de lo que no lo es.

En un niño con ADHD, los bajos niveles de dopamina no le permiten al niño enfocarse o prestar atención a lo que sucede en su entorno, y parecen físicamente hiperactivos cuando corren por la sala o cuando de una actividad a otra debido a su falta de concentración. Conforme aumentan los niveles de dopamina por encima del rango normal, nuestra capacidad de concentrarnos aumenta hasta el punto de volvernos paranoicos. Los incrementos leves hacen que el ambiente sea sobre-estimulante y excitante.

Los niveles de dopamina moderadamente altos nos ponen en estado de alerta, nos hace sospechar de todo y nos vuelve propensos a malinterpretar las experiencias del entorno. Conocido como una “idea de referencia” en psiquiatría, comenzamos a pensar en experiencias no relacionadas como si se relacionaran de pronto, directamente con nosotros. Las personas que se observaban hablando mientras cruzaban la calle, ahora son percibidas como personas que están hablando sobre nosotros. A medida que la dopamina aumenta, puede volverse tan intensa que se puede llegar a pensar que la radio, la televisión y los periódicos contienen mensajes secretos dirigidos a nosotros desde Hollywood o cualquier otro lugar. Es como si estuviéramos tratando de incorporar o añadir todo lo que presenciamos en nuestra vida. Los aviones que vuelan sobre nuestras cabezas están tomando fotos de nosotros y los motociclistas que hablan por teléfono celular están pasando un informe sobre nosotros. La velocidad de nuestra mente aumenta y se acelera en un intento por añadir todo lo que vemos en nuestra vida. En un intento por tener sentido, podemos volvernos extremadamente religiosos, paranoicos o pensar que somos una persona muy importante. Un aumento de la dopamina también incrementa la percepción de nuestros sentidos, como si subiéramos al máximo el volumen de todos nuestros sentidos – audición, visión, gusto, olfato y tacto.

A medida que aumenta el nivel de dopamina, aquellos ruidos que oíamos fuertemente, de pronto se convierten en alucinaciones auditivas. Nuestros pensamientos internos ahora se oyen fuera de nuestro cuerpo. Estas “voces” comienzan a hablarnos y toman diferentes formas, desde derogatorias (nos abaten), hasta temas religiosos, órdenes (nos dicen que hagamos algo), o de contenido sexual. Las alucinaciones (experimentar algo que no existe en la realidad) pronto se desarrollarán en todos nuestros sentidos. Podemos comenzar a ver rostros en las nubes, alfombras o patrones. Podemos sentir el toque de los espíritus o movimientos dentro de nuestro cuerpo. Podemos experimentar olores o sabores inusuales.

Altos niveles de dopamina en el cerebro, a menudo nos hacen perder contacto con la realidad. Como si viviéramos una película de ciencia ficción, comenzamos a desarrollar ideas inusuales o bizarras acerca de lo que nos sucede. En nuestra paranoia, podemos experimentar delirios (falsas creencias) de persecución o  podemos pensar que tenemos superpoderes (delirios de grandeza) y podemos creer que podemos predecir el futuro o leer las mentes. También se encuentran altos niveles de dopamina en la esquizofrenia, la intoxicación por drogas y otros trastornos sicóticos, dónde la capacidad de distinguir entre el mundo interior y el mundo real está deteriorada.

El tratamiento para las enfermedades psiquiátricas o médicas está asociado con el desequilibrio de la dopamina, que como es de esperar, involucra un aumento o una disminución de los niveles de dopamina en el cerebro. Los trastornos causados por bajos niveles de dopamina se tratan con medicamentos que incrementan la cantidad de dopamina en el cerebro. En el caso de la enfermedad de Parkinson se prescribe L Dopa y en el caso del ADHD, se prescriben medicamentos que sean psicoestimulantes.  Las anfetaminas y otros medicamentos con una acción similar disminuyen la hiperactividad de los niños (ADHD) incrementando la dopamina – llevándola a un nivel dentro del rango normal, permitiéndoles así concentrarse y prestar atención.

Los incrementos leves de dopamina se asocian con las adicciones como los narcóticos, el “speed” y la nicotina o el tabaquismo.  De esta manera, los medicamentos usados en el tratamiento de las adicciones, de hecho bloquean o disminuyen la producción de dopamina. Si un medicamento bloquea la dopamina, también bloquea los efectos de la sustancia adictiva y la sensación de necesidad. El medicamento que ayuda a los fumadores, el Zyban, es en realidad el antidepresivo Wellbutrin que se sabe que bloquea la dopamina.

Los niveles de dopamina entre altos y moderados, asociados con las enfermedades psiquiátricas severas como la paranoia y la esquizofrenia, son tratados con medicamentos que bloquean o reducen la cantidad de dopamina en el cerebro. Estos medicamentos, llamados antisicóticos, han estado disponibles durante muchos años. No obstante, los primeros medicamentos antisicóticos, reducían el nivel de dopamina en todo el cerebro, incluyendo la dopamina localizada en las áreas motoras o del movimiento. Por esa razón, los antiguos medicamentos antisicóticos producían problemas motores o de movimiento que se asemejaban a la enfermedad de Parkinson – andar de pasos cortos, expresión facial fija, temblores, falta de equilibrio, etc. Los medicamentos más nuevos tienen menos efectos secundarios en las áreas motoras, ya que pueden actuar específicamente sobre un tipo de dopamina.

Normalmente, los niveles de dopamina cambian muy lentamente. Los pacientes que desarrollan paranoia y/o esquizofrenia, con frecuencia experimentan un incremento gradual de los niveles de dopamina en el transcurso de varios años – experimentando también un incremento en la severidad de los síntomas en ese periodo de tiempo. Un estudiante típico de la escuela preparatoria o la universidad puede desarrollar un sentido de estar en el límite o sentimientos inusuales, volviéndose gradualmente desconfiado y sintiéndose alienado, pasando a tener alucinaciones auditivas y finalmente, desarrollando falsas creencias bizarras (delirios) de persecución o una exagerada auto-importancia en los años subsiguientes. Con frecuencia el estrés puede incrementar rápidamente la dopamina, pero rara vez ocurre de la noche a la mañana.

Cuando una persona se vuelve sicótica, paranoica y alucina en tan sólo unos pocos días, debemos sospechar de una fuerte intoxicación con la medicación o las drogas o de problemas neurológicos – algo que podría incrementar los niveles de dopamina dramáticamente y casi de inmediato. El uso prolongado de anfetaminas (speed) o esteroides puede producir una pérdida de la realidad y una paranoia súbita. Como suele suceder, un trabajador de la construcción que toma “speed” para incrementar la productividad de su trabajo se encuentra que su mano o su pie le habla (alucinaciones auditivas) y decide cortarlos. La presencia súbita de las psicosis (alucinaciones, delirios, paranoia, etc.) en una persona con antecedentes de una adaptación normal previa sugeriría la necesidad de estudiar reacciones adicionales intensivas, médicas y neurológicas.

Serotonina: de la Dicha a la Angustia

La serotonina, aislada por primera vez en 1933, es el neurotransmisor ha sido identificado en múltiples trastornos psiquiátricos como la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo, la anorexia, la bulimia, el trastorno dismórfico corporal (la nariz no se ve perfecta después de diez cirugías), la ansiedad social, las fobias, etc.  La serotonina es un regulador principal y participa en los procesos corporales como el sueño, la libido (interés sexual), la temperatura corporal y otras áreas.

Quizás la mejor manera de comprender la serotonina es, de nuevo, con el ejemplo del automóvil. La mayoría de los automóviles de los Estados Unidos están fabricados para andar a 70 millas por hora, velocidad perfecta para las carreteras interestatales y las vacaciones de verano. Si colocamos ese mismo automóvil en una pista de carreras y lo conducimos todos los días a 130 millas por hora, ocurrirán dos cosas.  Comenzarán a fallar sus partes y sobrecalentaremos el motor tanto que se evaporará o se quemará el aceite. La serotonina es el “aceite” del cerebro.

Al igual que un automóvil normal en una pista de carreras, cuando nos encontramos viviendo una situación con lato nivel de estrés por un periodo de tiempo prolongado, consumimos más serotonina de la que normalmente podemos reemplazar. Imagine una lista de sus presiones, responsabilidades, dificultades y problemas ambientales (un trabajo difícil, un mal matrimonio, una vivienda inadecuada, un vecindario peligroso, etc.). La exposición prolongada a un nivel de estrés tan alto, gradualmente disminuye nuestro novel de serotonina. A medida que continuamos “soportando”, desarrollamos síntomas de una depresión producida por el estrés.

Un automóvil puede tener uno, dos o tres cuartos de aceite menos. Usando el automóvil como ejemplo, imagine que la serotonina del cerebro pasa por etapas similares, tener un nivel bajo (un cuarto menos), moderadamente bajo (dos cuartos menos) y severamente bajo (tres cuartos menos). Cuanta menos cantidad de serotonina haya disponible en el cerebro, más severa será nuestra depresión y sus síntomas relacionados.

Cuando el nivel de serotonina es bajo, experimentamos problemas con la concentración y la atención. Nos volvemos dispersos y desorganizados. Las responsabilidades rutinarias ahora parecen abrumadoras. Nos lleva más tiempo hacer las cosas y nuestra planificación es deficiente. Perdemos las llaves de nuestro automóvil y colocamos cosas extrañas en el refrigerador. Llamamos a las personas y nos olvidamos para qué las llamamos o vamos a la tienda de comestibles y olvidamos lo que necesitábamos. Les decimos a las personas las mismas cosas dos o tres veces.

Conforme el estrés continúa y nuestro nivel de serotonina continúa bajando, nos deprimimos más. En este punto, con un nivel moderadamente bajo o con “dos cuartos menos”, se producen cambios importantes en las funciones del cuerpo reguladas por la serotonina. Cuando el nivel de serotonina es moderadamente bajo, tenemos los siguientes síntomas y conductas:

· Fatiga crónica. A pesar de las horas adicionales de sueño y siesta, continuamos cansados. Nos sentimos “agobiados o quemados”.

· En el trastorno del sueño, típicamente no podemos irnos a dormir por las noches porque nuestra mente funciona a gran velocidad. Los pacientes describen esto como “¡Mi mente no se detiene!” También es común despertarse a las 4:00 de la mañana, momento en el que es difícil volver a recuperar el sueño, nuevamente debido a los pensamientos veloces.

· Se presentan trastornos del apetito, usualmente de dos tipos. Experimentamos una pérdida del apetito y subsiguiente pérdida de peso o tenemos una imperiosa necesidad de comer dulces y carbohidratos cuando el cerebro trata de producir más serotonina.

· También puede haber una pérdida total del interés sexual. De hecho, hay una pérdida de interés en todo, incluyendo aquellas actividades e intereses que se disfrutaban en el pasado.

· Retraerse socialmente es algo común – no responder el teléfono, dejar el hogar rara vez, dejar de llamar a los amigos y la familia, y dejar de participar en eventos sociales.

· También es común sentir una tristeza emocional y tener ataques de llanto frecuentes.

· La autoestima y la confianza en uno mismo disminuyen.

· Las sensaciones del cuerpo, debido al rol de la serotonina como regulador corporal, incluyen sofocaciones y cambios de temperatura, dolores de cabeza y malestar estomacal.

· Pérdida de la personalidad – una sensación de que nuestro sentido del humor nos ha abandonado y nuestra personalidad ha cambiado.

· Comenzamos a tomarnos todo personalmente. Los comentarios, las miradas y las situaciones son percibidas como algo personal y negativo. Si alguien nos habla, nos irrita. Si no nos hablan, nos enfadamos y nos sentimos ignorados.

· Su familia tendrá la sensación de que usted se ha “diluido”. Usted hablará menos, reirá menos y se quedará sentado por horas sin notar a nadie.

· Su conducta se vuelve extraña. Los familiares pueden hallarle sentado en la oscuridad en la cocina a las 4:00 de la mañana.

Las personas pueden vivir muchos años con una depresión moderada. Desarrollan compensaciones para el sueño y otros síntomas, usando medicamentos para dormir o alcohol para adormecerse. Aunque se sienten crónicamente tristes y pesimistas, explican su situación diciendo “Así es mi vida” Es posible que no terminen de reconocer totalmente el componente depresivo.

Los niveles muy bajos de serotonina típicamente llaman la atención del médico familiar de la persona, su empleador u otras fuentes de ayuda. Una pérdida severa de serotonina produce síntomas que son difíciles de ignorar. No sólo hay síntomas severos presentes, sino también las ideas o pensamientos del cerebro se vuelven desagradables y torturantes. Cuando el nivel de serotonina es severamente bajo, usted experimentará algunos de los siguientes síntomas (o todos):

· Aumenta la velocidad del pensamiento. Tendrá dificultad para controlar sus propios pensamientos. El cerebro se enfoca en recuerdos torturantes y le resultará difícil dejar de pensar en estos recuerdos o imágenes desagradables.

· Se sentirá emocionalmente adormecido. No sabrá cómo se siente acerca de su vida, su matrimonio, su empleo, su familia, su futuro, la persona que ama, etc. Es tan difícil como si todos los sentimientos hubieran sido apagados. Cuando otras personas le preguntan cómo se siente – su respuesta puede ser “No lo sé”.

· Comenzará a tener ataques de llanto, típicamente de dos tipos. Aparecerán ataques de llanto espontáneos, sin mucho aviso previo. También tendrá ataques de conducta. Si rompe la punta de un lápiz, arrojará el lápiz al otro extremo del cuarto. Tendrá ataques de berrinches. Es posible que se vaya muy enfadado de una oficina o de un lugar público.

· Comenzará a tener fantasías de escape. La más común: fugarse. El cerebro le sugerirá empacar sus pertenencias y dejar su familia y su comunidad.

· Los recuerdos comenzarán a torturarle. Su cerebro, pensando a 100 millas por hora, buscará en su memoria las experiencias más traumáticas o desagradables. De pronto comenzará a preocuparse con experiencias horribles que pueden haber ocurrido hace diez, veinte o treinta años atrás. Revivirá la muerte de un ser amado, un divorcio, un abuso durante la infancia – cualquier cosa que el cerebro pueda hallar para torturarle – y sentirá como si hubiera ocurrido ayer.

· Tendrá pensamientos malos. Las madres primerizas tendrán pensamientos de sofocar a sus bebés. Los pensamientos de dañar o matar a otras personas son comunes. Quizás lo torturen imágenes o fotos en su  memoria. Es como si el cerebro encontrara sus puntos débiles más sensibles y luego lo aterrorizara con ellos.

· Cuando el nivel de serotonina (uno de los principales reguladores del cuerpo) están bajos, su cuerpo comienza a desequilibrarse. Experimentará cambios en la temperatura corporal, dolores, calambres musculares, problemas intestinales o de vesícula, sensaciones de ahogo, etc.  Los “malos pensamientos” podrán decirle que esos síntomas se deben a una enfermedad terminal. Las personas deprimidas nunca tienen gases – se trata de cáncer de colon. Un hematoma es leucemia.

· Desarrollará un tipo de pánico de necesidad de cambiar. Comenzará a pensar que un cambio en su estilo de vida (crisis de la mediana edad), un divorcio, una aventura extramatrimonial, un nuevo empleo o un Corvette cambiarán su estado de ánimo. Alrededor del 70 por ciento de los empleos se pierden en momentos en que las personas están deprimidas y gradualmente se diluyen de su vida. La mayoría de los amoríos extramatrimoniales ocurren durante este tiempo.

· Como los bajos niveles de serotonina se relacionan con los trastornos obsesivos compulsivos, es posible que se encuentre a sí mismo empezando a contar cosas, preocuparse por los gérmenes y las enfermedades, preocuparse excesivamente de apagar los electrodomésticos y que las puertas estén cerradas, preocuparse por apagar el televisor en un canal impar, etc. Puede llegar a desarrollar rituales sobre la seguridad y el recuento de cosas. Un trabajador de una planta de ensamble de automóviles comenzó a creer que su trabajo echaría una maldición sobre los automóviles si su número de serie, al ser agregado, no igualaban a un número par.

· Cualquier característica, actitud o rasgo normal de personalidad que tenga, se verán triplicadas de pronto. Un perfeccionista se volverá súbitamente ansioso y abrumado por el desorden del entorno o se distraerá con las hojas que caen por minuto en el jardín. Las personas ahorrativas comenzarán a preocuparse de pronto con el consumo eléctrico y del agua en el hogar.

· Un acontecimiento “disparador” puede producir conductas bizarras. Con un nivel ya bajo de serotonina, cuando un animal lo pica o lo rasguña, puede hacer que usted se preocupe acerca de la rabia. Una historia en los medios de comunicación sobre los efectos nocivos de la radiación puede hacerle recordar un visita a una planta nuclear durante su adolescencia – sintiendo de pronto que todos sus síntomas actuales son el resultado de la exposición a la radiación.

· Cuando usted toca fondo con un nivel “severamente bajo” de serotonina, llegará el “camión de la basura”. Todas las personas que tienen niveles muy bajos de serotonina oyen las mismas cosas. Usted oirá que: 1) Es un mal esposo, padre, hijo, empleado, etc., 2) Es una carga para quienes lo aman o dependen de usted, 3) Está empeorando la vida de quienes le rodean, 4) Quienes se preocupan por usted estarían mejor sin usted, 5) Usted estaría mejor sin usted, y 6) Usted y quienes le rodean estarían mejor si usted ya no existiera más. En ese punto, usted desarrolla pensamientos suicidas.

La depresión clínica es quizás el problema más común de salud mental que se encuentra en la práctica profesional. Uno de cada cuatro adultos experimentará depresión clínica en el transcurso de su vida. La depresión es el “resfriado común” de la práctica de la salud mental – muy común y mucho más fácil de tratar hoy que en el pasado.

El tratamiento de la depresión, como puede esperarse, involucra un incremento de los niveles de serotonina del cerebro. Desde mediados de la década de los ochenta, los medicamentos han estado disponibles en un intento por tratar específicamente e incrementar la serotonina. Conocidos como Inhibidores Selectivos de Absorción de Serotonina (SSRI, por sus siglas en inglés), estos medicamentos, como Prozac, Zoloft y Paxil funcionan habilitando más serotonina a disposición del cerebro.

Al igual que todos los neurotransmisores, también podemos tener un exceso de serotonina. Mientras que niveles altos de serotonina producen una sensación de bienestar, dicha y “ser uno con el universo” – demasiada serotonina puede producir una enfermedad que pone en peligro la vida conocida como Síndrome de Serotonina (SS).

Lo más probable es que se produzca accidentalmente al combinar dos medicamentos o sustancias que incrementen la serotonina. El Síndrome de Serotonina (SS) produce temblores violentos, una profunda sudoración, insomnio, náuseas, repiqueteo de los dientes, escalofríos, estremecimientos, agresividad, excesiva confidencia, agitación e hipertermia maligna.  Se requiere un tratamiento médico de emergencia, utilizando medicamentos que neutralicen o bloqueen la acción de la serotonina como tratamiento para el Síndrome de Serotonina (SS).

Al igual que la dopamina, la serotonina puede incrementar accidentalmente o disminuir accidentalmente por diferentes sustancias. Se conoce que un método anticonceptivo produce una depresión severa porque disminuye los niveles de serotonina. Un medicamento específico para el acné también ha sido vinculado con la depresión y las ideas de suicidio. Por esta razón, informe siempre a sus médicos si está tomando alguna medicación para la depresión. También, evite combinar los antidepresivos con cualquier sustancia herbal reportada como una ayuda para la depresión como las de St. John’s Wort.

Norepinefrina: desde la Agitación al Pánico

La norepinepinefrina (noradrenalina o NE) es el neurotransmisor que normalmente se asocia con la respuesta “pelear o huir” ante el estrés. Está altamente vinculada con las respuestas y reacciones físicas, puede aumentar el ritmo cardíaco y la presión arterial como también crear una sensación de pánico y un temor abrumador. Este neurotransmisor es similar a la adrenalina y se cree que establece los niveles umbrales de la estimulación y la excitación o agitación. Emocionalmente, la ansiedad y la depresión se relacionan con los niveles de norepinepinefrina del cerebro, ya que este neurotransmisor parece mantener el equilibrio entre la agitación y la depresión.

Los niveles bajos de norepinepinefrina se asocian la pérdida del estado de alerta, una memoria deficiente y la depresión. La norepinepinefrina parece ser el neurotransmisor de la “agitación” y por esa razón, los niveles más bajos de lo normal de este neurotransmisor producen niveles de excitación e interés por debajo del promedio, un síntoma hallado en muchas enfermedades psiquiátricas como la depresión y el ADHD. Es por esta razón que los medicamentos para la depresión y el ADHD con frecuencia actúan sobre la dopamina y la norepinepinefrina, en un intento por restaurar los niveles normales de ambos.

Aumentos leves en los niveles de norepinepinefrina producen una agitación incrementada, algo conocido como lo que producen los estimulantes. Se considera que esta agitación o excitación es placentera y muchas “drogas callejeras” como la cocaína y las anfetaminas aumentan los niveles de norepinefrina del cerebro. Este aumentado estado de excitación es placentero, y vinculan estas sustancias con su potencial de adicción. La investigación nos dice que algunas personas consumen antidepresivos para desarrollar un estado de “hipomanía” o satisfacción emocional y excitación física de la misma manera. Por esa razón, se aconseja a las personas que consumen los antidepresivos modernos que notifiquen a sus médicos o psiquiatras si se sienten “demasiado felices”.

Los niveles moderados de norepinepinefrina crean una sensación de agitación que se vuelve incómoda. Cabe recordar que este neurotransmisor está fuertemente vinculado a las reacciones físicas. Un incremento moderado crea preocupación, ansiedad, un reflejo de respuesta exagerada, nerviosismo, temor a las multitudes y a los lugares cerrados, una concentración deficiente, alteraciones del sueño y cambios físicos. Los síntomas físicos pueden incluir una fatiga rápida, calambres o tensión muscular, irritabilidad y una sensación de vivir al límite. Casi todos los trastornos de ansiedad involucran incrementos de norepinepinefrina.

Los aumentos severos y súbitos de norepinepinefrina se asocian con los ataques de pánico. Quizás la mejor manera de visualizar un ataque de pánico es recordar la asociación con la respuesta “pelear o huir”. La respuesta de “pelear o huir” es una reacción química a una situación dramática y amenazante en la cuál el cerebro produce cantidades excesivas de norepinepinefrina y adrenalina – dándonos una fuerza extra, una mayor energía o excitación, rigidez muscular (para pelear o huir) y una desesperada sensación de que debemos hacer algo inmediatamente. Esta respuesta animal fue activada al comienzo de la vida del hombre cuando un oso se presentó en su cueva o cuando se enfrentó con un tigre en la selva. En los tiempos modernos, imagine su reacción si cuando está mirando televisión tranquilamente, alguien o algo trata de derribar su puerta y atacarle. En la reacción de “pelear o huir”, la química de su cerebro y su cuerpo lo preparan para huir de la situación o pelear hasta la muerte.

Un ataque de pánico es la activación de la reacción química de “pelear o huir” sin que se presente un oso en su puerta. Es como una respuesta animal de auto protección que se activa accidentalmente, cuando no existe ninguna situación real que amenace su vida. Conocidos hoy como ataques de pánico, pueden presentarse mientras está en la tienda de comestibles, en la iglesia o cuando menos lo espera. Como la norepinepinefrina es un neurotransmisor que actúa rápidamente, el ataque de pánico puede durar menos de diez minutos (pero se siente como si durara horas), y se sentirá agitado y sacudido por varias horas. Los ataques de pánico son eventos fuertes, físicos y químicos e incluir los siguientes síntomas:

· Palpitaciones, aumento del ritmo cardíaco o latidos fuertes

· Sudoración y cambios en la temperatura corporal

· Temblores o espasmos

· Falta de aliento o sensación de ahogo

· Sensaciones de asfixia

· Dolor de pecho y malestar

· Náuseas o malestar estomacal

· Mareos, vértigo o sensación de desmayo

· Sentido de irrealidad, como si uno estuviera fuera de uno mismo

· Temor a la pérdida de control o a volverse loco

· Temor a morir

· Adormecimiento y cosquilleo en todo el cuerpo

· Escalofríos y calores

Si pensamos en el ejemplo del automóvil, un ataque de pánico es el equivalente de nuestro panel de controles encendiendo todas las luces de alerta – su nivel de estrés es demasiado alto. Los ataques de pánico, o las descargas de norepinepinefrina, también pueden ocurrir por accidente como cuando se crean por el consumo de ciertos medicamentos. Los medicamentos para algunas enfermedades médicas pueden causar un ataque de pánico o incrementar los niveles de ansiedad. Los medicamentos que se usan con frecuencia para el asma, por ejemplo, pueden generar ansiedad o ataques de pánico.

El tratamiento de los niveles bajos o altos de norepinepinefrina en el cerebro involucra diferentes estrategias. A menudo, los bajos niveles de norepinepinefrina se tratan utilizando antidepresivos más nuevos. Muchos antidepresivos nuevos, conocidos como inhibidores de reabsorción de serotonina y norepinepinefrina (SNRI) de marcas comerciales como Effexor y Serzone, tratan la depresión incrementando los niveles de ambos neurotransmisores, la serotonina y la norepinepinefrina.

El tratamiento para los niveles altos de norepinepinefrina, como los que se encuentran en los trastornos de ansiedad y pánico, involucran una disminución de los niveles del neurotransmisor, directa o mediante el uso de medicamentos que incrementan otro neurotransmisor que inhibe o disminuye la acción de la norepinepinefrina. Uno de esos neurotransmisores inhibidores es el GABA, también conocido como Ácido Gama Aminobutírico.

GABA: desde la Manía y las Convulsiones hasta la Relajación y el Control de los Impulsos

El Ácido Gama Aminobutírico (GABA) es un neurotransmisor inhibitorio, vale decir, que disminuye la capacidad de funcionamiento de otros neurotransmisores. El GABA está involucrado con nuestro nivel de excitabilidad. En lugar de promover la comunicación entre las células, como lo hacen la dopamina, la serotonina o la norepinepinefrina, el GABA reduce, interrumpe y bloquea la comunicación. Este neurotransmisor es importante en las áreas del cerebro vinculadas con la emoción y la ansiedad.

Cuando el GABA está dentro del rango normal en el cerebro, no nos sentimos sobreexcitados o ansiosos. Al mismo tiempo, tenemos reacciones adecuadas ante las circunstancias que nos rodean en el ambiente. El GABA es el controlador de la velocidad de la comunicación, Asegurando que todas las conexiones del cerebro funcionen a la velocidad adecuada y con la intensidad correcta. Cuando tenemos muy poca cantidad de GABA en el cerebro, la comunicación se vuelve fuera de control, sobre-estimulada, y químicamente inestable. Demasiada cantidad de GABA nos hace sentir extremadamente relajados y sedados; con frecuencia, hasta el punto de afectar nuestras reacciones normales.

Los niveles bajos de GABA se asocian con el Trastorno Bipolar y la Manía. Con niveles de GABA por debajo del promedio, el cerebro está demasiado estimulado. Comenzamos a hablar rápidamente, nos quedamos despiertos durante varios días sin descansar y desarrollamos ideas audaces y grandiosas. En un estado maníaco, estamos tan “bien” y fuera de control, que suelen desarrollarse rápidamente problemas sociales, a menudo debido a la hipersexualidad, los gastos excesivos, las decisiones que se toman sin pensar, las conductas riesgos y las ideas grandiosas. Podemos sentirnos tan bien que pensamos que tenemos un espíritu celestial, somos unos genios intelectuales o que poseemos poderes extraordinarios. Personalmente, tuve un paciente que se encerró en su casa móvil y pasó una semana entera reescribiendo el Nuevo Testamento en un dialecto local. Otro paciente, con una educación limitada, comenzó a comprar libros sobre la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein, pensando que podría llegar a usar esa información pata inventar un “dispositivo de propulsión para naves espaciales”.

Los niveles bajos de GABA también se asocian con problemas de un control de los impulsos deficiente, e incluye enfermedades clínicas como el juego, los berrinches y los robos. Cuando hay un bajo nivel de GABA en el cerebro, las conductas impulsivas no son inhibidas (frenadas) por el pensamiento lógico o razonable.

Los bajos niveles de GABA también están asociados con la epilepsia o los trastornos convulsivos. Si nos imaginamos una convulsión como una tormenta eléctrica, la convulsión comienza en un lugar del cerebro cruzando rápidamente hacia otro y abarcando todo el cerebro, como una tormenta repentina. Los bajos niveles de GABA le facilitan al cerebro el desarrollo de las convulsiones, y ésta es la razón por la cuál las convulsiones forman parte de los síndromes de abstinencia de muchas sustancias que funcionan con el GABA, como el alcohol y los tranquilizantes (benzodiazepinas – Xanax, Ativan, Librium, Valium, etc.). Las sustancias que mantienen artificialmente un alto nivel de GABA, cuando cesan de consumirse, crean una caída violenta de los niveles de GABA, creando así el riesgo de sufrir convulsiones por abstinencia, debido a la inestabilidad química que se crea.

Altos niveles de GABA producen más control, relajación e incluso sedación. El alcohol funciona aumentando los niveles de GABA, y es por ello que todos los sistemas del cuerpo se relajan al principio – luego se sedan hasta el punto de hablar arrastrando las palabras, caminar tambaleándose y pensar distorsionadamente (sin claridad).  La abstinencia del alcohol, o la repentina caída abrupta de los niveles de GABA, produce un nivel bajo de GABA y la posibilidad de sufrir convulsiones. Se sabe que la abstinencia de las benzodiazepinas sigue el mismo patrón. Si toma cuarenta miligramos de Valium por dos años, y de pronto deja de tomar la medicación, es muy probable que se produzcan convulsiones.

Los medicamentos para la ansiedad crean relajación y una disminución de la ansiedad aumentando los niveles de GABA en el cerebro. Las bebidas alcohólicas funcionan de la misma manera; el alcohol aumenta los niveles de GABA y produce una leve euforia, pérdida de la ansiedad social y otros síntomas de ebriedad o intoxicación. Una ingesta excesiva de benzodiazepinas y/o alcohol es extremadamente peligrosa ya que un alto nivel de GABA realmente interrumpe la comunicación entre las neuronas del cerebro – a veces, hasta el punto de llegar a una total falta de comunicación entre las neuronas – también conocida como muerte.

Los medicamentos para las convulsiones, los problemas de control de los impulsos y el trastorno bipolar y la manía funcionan aumentando los niveles de GABA sin la euforia colateral. El litio y los medicamentos anticonvulsivos incrementan el GABA hasta su rango normal, reduciendo la posibilidad de tener convulsiones y produciendo una estabilidad en la química del cerebro. Como el GABA es el neurotransmisor “policía”, los cambios del GABA pueden afectar a todos los neurotransmisores, y especialmente a la norepinepinefrina.

Tratamiento con Medicación para el “Desequilibrio Químico”

Comprender estos cuatro neurotransmisores ofrece la oportunidad de comprender la mayoría de las enfermedades psiquiátricas, desde la depresión hasta la esquizofrenia. Los profesionales de la salud mental usan evaluaciones psicológicas, entrevistas, cuestionarios y las historias clínicas de los pacientes para determinar primero si se ha producido un cambio en el sistema de los neurotransmisores, y segundo, para ver qué neurotransmisores están involucrados. Un diagnóstico clínico correcto lleva luego a establecer un tratamiento con medicación adecuado.

Los medicamentos se prescriben en un esfuerzo por regresar a los neurotransmisores del cerebro a su estado normal. Muy similar a cuando el médico le prescribe un medicamento para bajar su nivel de colesterol o incrementar otra sustancia química del cuerpo. Los profesionales de salud mental se ocupan de restaurar los niveles de los neurotransmisores a sus valores normales.

Los medicamentos para las enfermedades mentales funcionan de diferentes maneras:

· Algunos imitan al neurotransmisor, generando una respuesta como si el neurotransmisor original estuviera presente.

· Algunos bloquean el neurotransmisor para que no sea absorbido por las neuronas que lo rodean, conocido como bloqueo de reabsorción. Los inhibidores de la reabsorción bloquean la reabsorción de la serotonina o la norepinepinefrina y habilitan así, más neurotransmisores disponibles.

· Algunos fuerzan la liberación del neurotransmisor, causando un efecto exagerado. La cocaína hace esto con la norepinepinefrina y la dopamina mientras que el MDMA (Éxtasis – una droga de discoteca) hace esto con la serotonina.

· Algunos incrementan los neurotransmisores que disminuyen o reducen la producción de otros neurotransmisores.

· Algunos bloquean completamente la liberación de los neurotransmisores

· Algunos interfieren con el almacenamiento de los neurotransmisores, permitiéndoles salir de su almacenamiento y perder potencia.

Basados en la teoría de los neurotransmisores en las enfermedades psiquiátricas, podemos diagramar las enfermedades y ver cómo los profesionales de salud mental determinan el tratamiento con medicación, reconociendo cuáles neurotransmisores están involucrados:

Diagnóstico: Depresión producida por estrés

Neurotransmisor: bajo nivel de serotonina

Medicación: Inhibidor Selectivo de Reabsorción de Serotonina (SSRI)

Diagnóstico: Depresión con ansiedad o agitación

Neurotransmisor: bajo nivel de serotonina

Elevado nivel de norepinepinefrina

Medicación: SSRI y Medicamentos ansiolíticos o

Inhibidor de reabsorción de la serotonina y la norepinepinefrina (SNRI)

Diagnóstico: Depresión mayor con psicosis

(Depresión severa con alucinaciones o paranoia)

Neurotransmisor: elevado nivel de Dopamina

Bajo nivel de serotonina

Medicación: medicación antisicótica

SSRI

Diagnóstico: Trastorno bipolar, manía

Neurotransmisor: bajo nivel de GABA

Medicación: Anticonvulsivos o litio

Diagnóstico: Trastorno bipolar, depresión

Neurotransmisor: bajo nivel de GABA

Bajo nivel de serotonina

Medicación: Anticonvulsivos o Litio

SSRI

Pensamientos Finales

Hay una diversidad de situaciones y circunstancias que encontramos en la vida que pueden producir cambios en la química de nuestro cerebro. Estos cambios pueden crear problemas de salud mental. Durante años, hemos sabido que los componentes químicos y las sustancias del cuerpo pueden desequilibrarse como ocurre con la hipertensión arterial, un alto nivel de colesterol, un alto o un bajo nivel de azúcar en sangre, etc. No hay ningún estigma asociado con el uso de los medicamentos para volver estos componentes químicos o sustancias a sus niveles normales.

Los profesionales de la salud mental esperan que el público logre comprender la naturaleza médica y neuroquímica de las diversas enfermedades emocionales y psiquiátricas, eliminando el estigma que con frecuencia se asocia a los tratamientos. Los tratamientos modernos son muy eficaces y pueden eliminar años de sufrimiento emocional con muy poca intervención o tratamiento. Los tratamientos de salud mental  están disponibles en todos los condados de los Estados Unidos.

Este artículo ha sido presentado como un servicio público
por el Dr. Joseph M. Carver, Ph.D., Psicólogo clínico.

Revisado: enero de 2002

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