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Saber escuchar

Un buen diálogo, una comunicación eficiente, empiezan por saber escuchar activamente al otro. Pero, ¿sabemos escuchar?

Escuchar es como un arte multi-facético porque involucra varias habilidades, aunque no siempre seamos conscientes de ellas.  Un buen acto de escucha activa implica poder identificar qué dice la otra persona, por qué lo dice, cómo lo expresa, cuáles son sus necesidades (por qué cuenta lo que cuenta), cuáles son sus propósitos (para qué cuenta lo que cuenta) y si se trata de una persona que está abierta al diálogo o no.

Hay personas que, aparentemente, desean dialogar, pero en realidad sólo desean ser oídas, escuchadas, comprendidas, o simplemente, necesitan descargar algo y por ende, no establecen un diálogo, sino un monólogo.

Además, escuchar al otro, cómo responde a lo que nosotros decimos o preguntamos o explicamos, también nos permite detectar si la otra persona comprendió lo que dijimos, y al mismo tiempo, nos permite evaluar si nosotros mismos nos expresamos correctamente.

Una persona consultó a un coach profesional para resolver un tema puntual que le generaba un conflicto. Tenía que ver con los valores personales y su relación con su familia, que no compartía los mismos valores. El coach dedicó un par de sesiones para aclarar un poco el tema, pero el tema no se resolvió, sólo se aclaró un poco.

En la tercera sesión, el cliente comentó que existía la posibilidad de que se fuera a vivir a otro país y el coach exclamó: ¡Eso es de lo que tenemos que hablar aquí!  Y comenzaron a hablar sobre ese tema.

Podrían haber dedicado varias sesiones a hablar sobre ese tema, pero la realidad es que el cliente se dio cuenta de que el coach había desviado el tema principal porque no había podido ayudarle a resolver el problema.

El cliente interrumpió al coach y dijo: “A mí no me genera ningún conflicto decidir cuándo y dónde me iré a vivir a otro país, o cuáles son las distintas posibilidades que tengo, eso lo veo muy claro y sólo requiere que tome una decisión cuando tenga información que yo considere suficiente”… “Yo vine aquí para resolver, o al menos, terminar de analizar y aclarar la problemática que tengo con las relaciones con mis familiares cercanos”…. “No tengo problemas de pareja, no tengo problemas con mis hijos, no tengo problemas laborales, no tengo problemas con mis amigos, ni con irme a vivir a otro país”… “Sí tengo problemas con mis hermanos y hermanas y con mis padres, y para eso he venido aquí”.

A veces, algunas personas (terapeutas, coaches, amigos, familiares, colegas, psicólogos, profesores, etc.) no nos dan una respuesta a nuestros problemas porque, en algunos casos, no la tienen o no saben cómo ayudarnos con un problema específico. Por eso es importante saber escuchar.

Darse cuenta de lo que entiende la persona con la que estamos hablando, o si desvía el tema de conversación hacia otro tema, o si trata de convencernos de algo, son cualidades muy importantes de una escucha activa.

Muchas veces ocurre que la gente con la que hablamos da por sentado cosas o situaciones que no son reales. Por ejemplo: Una señora hablaba con otra sobre una amiga de su hija que se quedó un mes en su casa porque tenía problemas con la separación de sus padres. La persona que escuchaba el relato de esta señora no dijo nada en ese momento, sólo la escuchó. Cuando se volvieron a encontrar, tres meses después, se encontraron nuevamente y la señora que había escuchado el relato preguntó: “Cómo están tu hija y tu hijastra”…  Esta señora había dado por sentado que la amiga de la hija de la señora ya era como una hijastra y por ende, supuso que seguía viviendo con ellos. Error.

Estas suposiciones y malas interpretaciones son muy frecuentes cuando la gente no sabe escuchar y se queda con una parte de la información.

Cuando dialogue, preste atención a dos cosas: Cómo se expresa usted y cómo se expresa la otra persona, por un lado; y por otro lado, qué escucha usted (y cómo lo interpreta) y qué escuchan los demás (y cómo interpretan aquello que escuchan)

Por último, no tenga miedo de preguntar o de hacer aclaraciones para ver si la otra persona entendió lo que usted dijo o si usted está comprendiendo lo que la otra persona le dice.

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