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Responsabilidad compartida

Los niños, normalmente, son criados por más de una persona. Por lo general, por ambos padres. Pero, en el caso de una familia “uniparental”, el padre o la madre que crían solos a sus hijos,  suelen contar con ayuda de otras personas.

Lo importante, cuando se cría un niño desde el nacimiento, es promover su salud emociona, su bienestar psicológico y proporcionarle un ámbito enriquecedor dónde pueda desarrollar una sana autoestima y todo su potencial humano, pleanamente.

En algunos hogares y en algunas situaciones, los niños no reciben la protección y la contención mínima que necesitan para desarrollarse saludablemente, e incluso hay casos en los que son expuestos a abusos de distintos tipos: una disciplina rígida que puede incluir abuso físico (golpes), manipulaciones psicológicas (abuso emocional) que pueden ser sutiles o explícitas, y otros tipos de conducta -por parte de los adultos a cargo del niño- que pueden ser atemorizantes y atormentar al niño causándole un daño psicológico o emocional importante.

Hay personas que amenzan a los niños, los critican constantemente, les exigen determinadas aptitudes (que los padres carecen) o los manipulan de maneras muy sutiles. En este último caso, el daño no se suele detectar sino hasta después de la adolescencia, durante la vida adulta.

Cuando un niño vive en un ambiente donde prima la hipodresía, la mentira y la falta de empatía y altruismo, lo más probable es que desarrolle una personalidad egocéntrica que le imposibilite formar una pareja o una familia, o cualquier vínculo afectivo que implique compromiso y la aptitud de compartir con su pareja y valorar al otro.

Cuando decimos que esta responsabilidad de criar niños saludables es una responsabilidad compartida, nos referimos específicamente a que si un padre o cualquier adulto que ayude a criar a un niño, comente abusos de cualquier tipo, el otro padre o cualquier otro adulto que participe de la crianza de ese niño, tiene la responsabilidad de poner un límite ante ese tipo de abuso, con el fin de preservar la salud emocional del niño.

Si un padre malcría a su hijo y el otro padre no hace nada al respecto, está causando el mismo daño. Si un padre golpea o encierra a un niño y el otro no hace nada, es cómplice de ese abuso.

La responsabilidad de criar saludablemente a los niños es compartida por ambos padres y por cualquier otra persona que ayude a criar a los niños. Cualquier abuso, ya sea físico o emocional, no debe ser tolerado. El padre o la persona que es testigo de un abuso y no hace nada para impedirlo, le causa al niño tanto daño como el que le causa el abusador.

Negar una situación de abuso, es negar la posibilidad de corregir a tiempo un problema que, en el futuro, no le permitirá a ese niño vivir una vida feliz, plena, compartiendo y valorando las cosas verdaderamente importantes de la vida.

Recuerde: la responsabilidad de la salud emocional de los niños es una responsabilidad compartida.

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