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Las Malas Influencias

Hace poco, una amiga entrañable me comentaba, angustiada, que uno de sus “amigos virtuales” la había “borrado” de su página de una conocida red social. Lo que quizás más le preocupaba era que la decisión ilógica de su amigo había sido tomada en virtud de los comentarios maliciosos (chismes) de otra muchacha.

Las personas podemos influir sobre otras positiva o negativamente. Cuanto más sana es una persona, mayor influencia positiva ejercerá sobre los demás. Y por el contrario, cuanto más enferma esté, mayor será la influencia negativa que tendrá sobre otros.

Pero, “no hay dos sin tres”, dice el refrán. Para que una persona influya positiva o negativamente sobre otra, tiene que existir esa “otra” persona que sea altamente influenciable por la opinión de los demás.

Las personas que tienen un criterio certero sólido y un saludable sentido común, son las que tenderán a verificar los hechos e informarse bien antes de tomar una decisión, basada en el comentario subjetivo de otra persona. Las personas que carecen de ellos, son quienes tomarán sus decisiones basándose en chismes y comentarios maliciosos de terceros.

Estas últimas son quienes no nos hacen ningún favor pertenenciendo a nuestro grupo de amistades o conocidos. Si queremos vivir una vida plena y emocionalmente saludable, no podemos rodearnos de personas enfermas que valoran una amistad sobre la base de chismes o comentarios maliciosos.

En la vida diaria, conocemos mucha gente, circunstancialmente. Algunas personas comparten nuestros mismos valores y sentido del respeto por los demás y son las personas con quienes podemos llegar a desarrollar verdaderos lazos de amistad. El resto, simplemente es gente que conocemos en un momento dado y que quizás tenga valores diferentes de los nuestros, no llegando a desarrollar ningún tipo de vínculo más profundo.

Por consiguiente, si alguien habla mal de nosotros y, de esa manera, influye negativamente sobre otras personas, lo mejor que le puede pasar es perder de vista a esa gente.

Por lo que refiere a nosotros, cada uno elige la calidad de vida que desea tener y la clase de personas de las que desea rodearse. Si alguna vez le sorprende que alguien haya dejado de “considerarlo amigo”, no se preocupe, evidentemente esa persona eligió compartir su tiempo con otros que piensen como él o ella.

La amistad, al igual que el amor y otras tantas relaciones importantes en nuestra vida, no se puede forzar. Es algo que ocurre y se desarrolla naturalmente entre dos personas o no.

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