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Callejón sin Salida

monaco_tunel

A veces, nos encontramos con personas sutilmente difíciles. No se trata de personas agresivas o impusilvas, por lo general son personas tranquilas, pero que presentan una particularidad: nos piden opinión sólo para rechazar cada una de las opciones que les damos. Pero esto no quiere decir que sean “malas” personas o personas “abusadoras”, en absoluto.

Así, una mujer joven puede decirle a una amiga, “¿Qué hago con Pedro? ¿Sigo saliendo con él o le digo que ya me he cansado de la relación?”  Posiblemente, lo que la amiga no sepa es que esta mujer ya tiene una decisión tomada: en algunos casos la mujer sólo quiere una opinión para corroborar que la decisión que ella ya ha tomado es la correcta; en otros casos, sólo quiere hablar del tema indefinidamente, sin “jugarse” y tomar una decisión en ese momento, porque aún no está lista para tomar dicha decisión.

Por ejemplo, si la amiga le responde: “Creo que deberías ser más paciente con Pedro, porque está atravesando una etapa difícil en su vida”, es probable que la mujer diga “Sí, pero, ya me cansé de que él siempre tenga problemas”.

O bien, si la amiga le  dice: “Creo que deberías dejar a Pedro porque la relación de ustedes ya se ha desgastado mucho”, es probable que la mujer conteste: “Es que yo lo amo y creo que no le doy suficientes oportunidades o no soy muy tolerante con respecto a sus problemas, como debería serlo”.

Otro ejemplo es el de Pedro. Pedro le pide consejo y opinión a su amigo Carlos acerca de si debe o no debe dejar su empleo y aceptar otro trabajo que le acaban de ofrecer. Si Carlos le dice: “Yo, en tu lugar, conservaría el empleo que tengo en lugar de probar con algo nuevo y desconocido”, quizás Pedro le conteste: “Sí, pero en mi empleo actual no tengo muchos beneficios y mi salario es muy pobre”. Así, si Carlos le aconseja “Cambia de empleo, verás que te sentirás mejor”, es posible que Pedro responda: “Pero si cambio de empleo deberé trabajar más horas o viajar más lejos, hacer tareas que hasta ahora nunca he hecho, y además, perderé la antigüedad en mi empleo actual”.

Muchas veces, hay personas que debido a su propia indecisión, no saben qué hacer, pero sí saben que no desean que las cosas cambien por el momento, ya sea por temor o porque han decidido (inconscientemente) aceptar un rol de mártir en la vida “Esto que me está pasando no tiene una solución posible, mejor me quedo como estoy”. O bien, porque intuyen que ése no es el momento adecuado para introducir un cambio importante en sus vidas.

Lo cierto es que esto ocurre porque cuando una persona está estancada en un problema, por factores internos o externos, le cuesta mucho poder hallar una solución. Pero también sucede que, algunas personas, por temor al cambio, prefieren hablar de su problema sin una intención auténtica de hallar una solución en ese momento.

Cuando tenemos un problema, o cuando tenemos que tomar una decisión, es importante reflexionar acerca de si esa decisión o ese problema se ve afectado por factores que dependen de nosotros o por factores que no dependen de nosotros. Muchas veces, las personas fantasean con situaciones hipotéticas que en la realidad (y en el futuro) no ocurrirán. Es bien sabido que muchos de nuestros temores no suelen confirmarse.

Cuando nos encontramos frente a una persona que está atravesando una situación difícil y nos pide opinión, podemos darle nuestro punto de vista y también preguntarle: “¿Tú qué desearías hacer al respecto?” o “¿Crees que éste sea el momento de tomar una decisión?”, “¿Haz analizado todas las opciones disponibles”?, etc.

Aunque suene extraño, a veces, simplemente NO es el momento de tomar una decisión o de hacer un cambio, a veces hace falta que pase cierta cantidad de tiempo para contar con más opciones o con más elementos que puedan ayudar a tomar la decisión.

Y ésta es otra de las razones por las que, algunas veces, las personas nos piden consejo u opinión, y pareciera que ninguna “solución” que les damos les viene bien. Quizás esa persona sólo necesita hablar de su problema, como quien piensa en voz alta, quizás quiere oír opiniones aunque ya haya tomado una decisión (consciente o inconscientemente) o cuando quizás no desee tomar una decisión en ese momento.

De todos modos, es importante recordar que – en situaciones normales – nadie puede tomar una decisión por otra persona ni obligar a una persona a que decida resolver un problema de una determinada manera. Cada uno es dueño de sus propias decisiones – aun cuando, aparentemente, deje a los demás tomar decisiones por ella.

Jean Paul Sartre dijo: “El hombre no puede no elegir”. Cuando dijo esto quiso decir que aunque nos quedemos cruzados de brazos y decidamos (elijamos) no tomar una decisión, estamos “eligiendo” que otra persona decida en nuestro lugar. Pero somos nosotros mismos quienes tenemos la opción de darle ese poder de decisión a otra persona, o no. En algunas culturas esto no funciona así porque las libertades y las elecciones personales están muy restringidas o totalmente suprimidas.

Así, en algunas culturas, las mujeres no tienen la opción de “elegir qué desean estudiar” porque en ese tipo de cultura no se le permite a una mujer que estudie. También hay culturas dónde los padres deciden con quién se casarán sus hijos en el futuro. En estos casos particulares, estas personas “no están eligiendo” que los demás decidan por ellos, es una cuestión cultural que no se discute. (Más allá de que en nuestro mundo occidental esto no sea aceptable).

Por eso, a veces, queremos ayudar a una amiga a decidir si debe continuar su relación, o a un amigo que no sabe si cambiar de empleo, y nos sentimos frustrados. Sentimos que nos topamos con un callejón sin salida. No es porque estas personas quieran hacernos perder tiempo o agotar nuestra paciencia, es porque quizás éste no sea el momento de resolver un problema particular.

Cuando tenga que tratar con personas así, no pierda la calma, piense que quizás esa persona necesita mucho más tiempo para tomar una decisión que otra, o bien, que su problema es mucho más complejo de lo que parece.

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