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No debemos confundir

A veces, las personas que me consultan me dicen que se sienten muy confundidas. Cuando enfrentamos una relación abusiva o disfuncional, la confusión es normal. Esta confusión se debe a que cuando las relaciones y las personas no funcionan correctamente, las ideas y los conceptos no están lo suficientemente claros como para comprenderlos.

Además, hay muchos mitos tontos que confunden a las personas aún más. Por ejemplo, uno de los mitos es creer que las víctimas de abuso emocional son “masoquistas“. Esto no es así. A las víctimas de abuso emocional no les gusta sufrir, no disfrutan con el maltrato psicológico constante. Por el contrario, se sienten mal y -muchas veces- no logran comprender bien por qué.

Del mismo modo, muchas personas creen que “todos” los abusadores son conscientes de los abusos que cometen y que no sienten remordimiento alguno. Éste es otro error. Hay algunos abusadores que ni siquiera comprenden de que están abusando emocionalmente de otras personas.

Ahora bien, algunos abusadores sufren de problemas de salud mental, como los trastornos de personalidad, por ejemplo. Otros abusadores no tienen ningún problema de salud mental; simplemente desconocen qué constituye un abuso emocional y no se dan cuenta que están abusando de otras personas. En estos casos, es muy probable que el abusador haya sido víctima de abuso durante su niñez y haya aprendido que ésa era la manera “normal” de relacionarse con los demás.

Y por último, sí tenemos aquellos abusadores que son perfectamente conscientes de lo que hacen y no les importa cuánto sufra la víctima. Sólo les importa lograr su propósito.

Con las víctimas pasa algo similar – por lo que refiere al nivel de conciencia que se tiene sobre el abuso emocional. Hay víctimas que no saben que están siendo emocionalmente abusadas, y víctimas que sí se dan cuenta de ello, pero que -por alguna razón- no pueden romper con una relación abusiva.

Además, hay personas (y mitos) que declaran cosas erróneas que también confunden mucho a la gente.

Por ejemplo… No debemos confundir lo siguiente:

  • Las personas buenas son buenas y las personas ingenuas son ingenuas. Ser ingenuo no es lo mismo que ser buena persona. No todas las personas buenas son ingenuas. No todas las personas buenas permiten que otros abusen de ellas.
  • Las personas astutas son astutas y las personas malas son personas malas. Ser una persona astuta no es lo mismo que ser una mala persona. No todas las personas astutas son malas personas. Muchas personas son astutas y saben defender sus derechos, saben poner límites y decir NO, y no por ello son malas personas.
  • Uno puede ser bueno y astuto al mismo tiempo. No son dos cosas incompatibles. Por ejemplo, uno puede ser astuto en los negocios y cuidar sus bienes y su capital, siendo una buena persona, una persona decente, sin necesidad de ser un estafador.
  • A veces, a las personas buenas se las toma por ingenuas o por tontas. No todas las personas buenas son ingenuas o tontas. Muchas personas buenas son muy inteligentes y saben poner límites para que otros no abusen de ellas.
  • Lo mismo pasa para las personas astutas. No todas las personas astutas o inteligentes son malas personas. Por ejemplo aquellas que aprenden a preservar su salud emocional son personas inteligentes, pero porque aprendan a resguardar sus sentimientos no podemos juzgarlas como malas personas.

Es importante, entonces, aprender a discernir con buen criterio las diferentes cualidades de las personas. Esto nos ayudará a aclarar nuestras ideas y evitará que confundamos los términos o mal interpretemos las intenciones de los demás.

A veces, hay abusadores que creen que cualquier persona buena o amable, también es ingenua o tonta. A veces, hay personas que demandan o exigen cierta atención de otras personas que sólo han tenido la deferencia de responderles cortésmente al principio. Pero, pierden de vista que sólo les han respondido amablemente por una cuestión de educación. Lo que no quiere decir que esa persona que respondió educadamente tenga alguna intención de establecer una relación más profunda con la persona que demanda atención.

Aquí es cuando se vuelve imprescindible establecer límites.

Yo recibo muchas consultas a través de Internet, por ejemplo. Respondo estas consultas en la medida que me es posible hacerlo y con el mayor respeto y consideración que toda persona merece. No obstante, mi respuesta, por muy sincera y comprensiva que sea, no me obliga a establecer una relación con las personas que me consultan. En otras palabras, yo puedo ayudar a quienes me piden una opinión, pero no puedo involucrarme en sus vidas como si fuera su mejor amiga o su terapeuta personal y ayudarle a resolver todos los problemas que se les presentan a diario.

A veces, hay personas que se ofenden porque no estoy disponible las 24 horas del día y los 7 días de la semana para ocuparme de sus problemas. Pero la verdad es que, al igual que estas personas, yo tengo vida propia y distintas prioridades. Por eso, es importante que en nuestra vida, aprendamos a establecer límites. Esto incluye límites de tiempo y espacio, límites en cuanto a la profundidad de las relaciones, límites de prioridad, etc.

Muchas veces, cuando una persona se siente muy agobiada por sus problemas, o deprimida o está en una situación desesperante, cree que todo el mundo debería dejar de hacer lo que está haciendo y dedicarse a ayudarle a solucionar sus problemas personales.

Aprenda a decir NO y a establecer límites psicológicamente saludables para evitar que este tipo de personas se conviertan en su vampiro emocional personal.

Recuerde: Decir NO, no lo convierte a usted en una mala persona. Aprenda a preservar su salud emocional.

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