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Vendedores de Ilusiones

¿Qué venden los vendedores de ilusiones?

Los vendedores de ilusiones venden esperanzas, falsas o verdaderas. Lo que buscan en sí es ganar tiempo, dilatar situaciones y evitar tomar decisiones o decir la verdad. Buscan entretener y distraer a otras personas, tal como lo hacían los antiguos conquistadores que les ofrecían a los nativos americanos “espejitos de colores” para distraerlos, despertar su curiosidad y llevarse a cambio el oro verdadero.

Venden exactamente eso: ilusiones. La definición de ilusión más común, que podemos encontrar en cualquier diccionario dice: Ilusión, es una esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva. Sentimiento de alegría y satisfacción que produce la realización o la esperanza de conseguir algo que se desea intensamente.

Pero, de la ilusión a la realidad hay un largo trecho. Una ilusión mantiene vivo un deseo, un anhelo, una esperanza, una relación.  Con el tiempo (objetivo principal de la venta de ilusiones) se dirá si esa ilusión se materializó, si se hizo realidad o si nos estuvieron entreteniendo y perdimos tiempo (además de otras cosas materiales que se puedan llegar a perder).

¿Quiénes son?

Los vendedores de ilusiones son aquellas personas que no definen situaciones o que no dicen la verdad de frente.  Para tomar una decisión, definir una situación o decir la verdad se requieren: agallas, entereza, madurez, dignidad y respeto por uno mismo y por los demás.

Ahora bien, los vendedores de ilusiones, al igual que cualquier otro abusador emocional, suelen ser maravillosamente encantadores; y vender ilusiones no es sino otra estrategia más para generar dependencia, aparecer encantadores y sensibles a los ojos de los demás, mientras ellos siguen haciendo las cosas a su modo.

De nosotros depende comprar esas ilusiones que ellos venden. Podemos participar en su juego sin fin, y seguir comprando espejitos de colores, felices de la vida; o podemos ver la realidad tal cuál es, aunque eso sea doloroso o nos enfrente a la disyuntiva de elegir entre dos situaciones claras: continuar comprando ilusiones o no permitir que se nos siga engañando y retomar el control de nuestras vidas.

¿Qué ganan los vendedores de ilusiones?

Los vendedores de ilusiones ganan tiempo, por encima de todas las cosas, ganan tiempo. Y este “ganar tiempo” les permite continuar dilatando cualquier toma de decisiones y les permite continuar ocultando cualquier verdad que escondan.

Muchas veces, las personas tienen tanta necesidad de creer que algo desfavorable va a cambiar para mejor (y de hecho una situación puede cambiar y mejorar) que eligen el camino más fácil y menos doloroso: seguir esperando, seguir creyendo, seguir comprando ilusiones… eternamente. Y la vida se les va en eso, en ese compás de espera eterno.

Si bien hay momento en la vida en que algunas situaciones requieren un compás de espera, también es cierto que hay personas que estiran o alargan este compás de espera tanto como pueden. El solo fin de esta dilatación o demora en el tiempo es el de mantener una posición, conservar una relación o un trato, o una sociedad, u obtener algún beneficio personal, etc.  Pero, tarde o temprano, la verdad siempre sale a la luz, y en el peor de los casos, las máscaras o caretas se caen, y los vendedores de ilusiones queda expuestos como lo que son: personas que engañan o hacen falsas promesas, personas que no definen situaciones, que no toman decisiones, que no dicen la verdad.

¿Qué podemos hacer?

De nuevo, está en nosotros decidir cuánto tiempo vamos a esperar, cuánto tiempo continuaremos creyendo o comprando esos espejitos de colores, o ilusiones, o esperanzas o falsas promesas de que todo cambiará. Cuando pasa el tiempo y una situación que prometía resolverse, no se resuelve… es posible que haya llegado la hora de dejar de comprar ilusiones y que debamos empezar a aceptar la realidad.  No podemos evitar cruzarnos con personas que venden ilusiones, pero podemos elegir no ser víctimas de sus engaños.

Los 5 mitos más comunes en las relaciones de pareja

  • Es bueno sentir algo de celos dentro de la pareja.
  • Las infidelidades no son graves y ayudan a valorar una buena relación.
  • El amor no tiene límites.
  • Es importante compartirlo todo.
  • El amor es para siempre.

Esencialmente, las relaciones interpersonales que establecemos suelen basarse en modelos de relaciones entre otras personas, que observamos a lo largo de toda nuestra vida. El modo en que nos relacionamos con los demás surge a partir de una combinación de interacciones y conductas que copiamos, rechazamos y/o modificamos de conductas que hemos aprendido previamente. De esta manera, vamos construyendo nuestras propias relaciones con los demás. Copiando, rechazando y/o modificando las conductas de los adultos que nos rodearon o nos formaron durante nuestra infancia.

Nuestros padres, o tutores, nos han servido de modelo para copiar o rechazar o modificar nuestras relaciones de pareja; en la escuela, las relaciones entre profesores y alumnos, entre los maestros entre sí y con nuestros pares o compañeros, han ido formando la manera en que nos relacionamos socialmente con los demás. En el ámbito laboral, nuestras relaciones con nuestros jefes y compañeros o subalternos, también nos aportan, diariamente, información valiosa sobre las relaciones interpersonales y nos permiten aprender y enriquecer nuestras relaciones, en general.

Pero también hay ciertos mitos, comúnmente aceptados, que suelen dañar las relaciones de pareja, ya que damos por sentado que son correctos cuando, en realidad, no es así.

  • Es bueno sentir algo de celos dentro de la pareja: Los celos NO son buenos. Las personas celosas tienen problemas emocionales subyacentes (no necesariamente se trata de problemas graves, incluso pueden ser muy leves).  Las personas celosas son personas algo inseguras y tienden a ser posesivas. Suelen ser personas controladoras, que no viven ni dejan vivir en paz a los demás (debido a sus propias inseguridades).  A veces, hay personas que creen que si sus parejas son celosas o posesivas, esto es un signo de “amor”. Error. No sólo NO es un signo de amor, sino que además es un signo de problemas emocionales. Una persona celosa, rara vez podrá mantener una relación de pareja saludable. Los celos NO son amor. El respeto y la confianza, sí.
  • Las infidelidades no son graves y ayudan a valorar una buena relación: Hace poco, una famosa actriz dijo que ser infiel a su pareja era muy bueno porque eso alimentaba el deseo entre ambos y hacía que ambos valoraran más a la pareja. Las parejas que optan, eligen, deciden – de común acuerdo – tener una relación de pareja abierta, suelen tener relaciones con otras personas fuera de su pareja. Pero, en ese caso, ambas partes consienten que la otra parte tenga una relación fuera de la pareja. Vale decir, NO hay engaño, NO hay infidelidad. Ambas partes han acordado que pueden tener otras relaciones alternativas, libremente.  Pero en el caso de las parejas tradicionales o monógamas, las relaciones fuera de la pareja (sin el consentimiento de la otra parte) constituyen un engaño. Engañar, ser infiel, mentir, no son acciones que construyan una pareja saludable. Implican una falta total de respeto por las tres personas involucradas. Falta de respeto por uno mismo, falta de respeto por la pareja estable y falta de respeto por la tercera parte involucrada. La infidelidad constituye un engaño, una mentira y sobre la base de los engaños y las mentiras no se puede construir una pareja sana. Las relaciones de pareja saludables se construyen sobre la base de la honestidad, de la confianza, de la sinceridad; pero sobre la base de una doble vida, de infidelidades y de engaños no se puede construir un lazo afectivo respetuoso y sano. Si una pareja decide tener una relación abierta, dónde ambas partes pueden tener otras relaciones, entonces no hay engaño, no hay fidelidad, hay un acuerdo sincero, honesto – más allá de que este tipo de relación funcione. En general, solemos sentirnos atraídos por distintas personas a lo largo de nuestras vidas. Si la atracción va un más allá de una simple admiración y se desea tener una relación de pareja comprometida, es importante tener claro si vamos a tener una relación abierta o cerrada y establecer las pautas de dicha relación desde el principio, con absoluta franqueza.
  • El amor no tiene límites. Otro grave error que se suele aceptar. “Si te amo, debo sacrificarme o pedirte que te sacrifiques por mí”. Error. Nadie debe sacrificar su propia vida “por amor” a otro. Todos tenemos el MISMO derecho de vivir una vida plena, que nos satisfaga, nos haga felices, nos refuerce nuestra autoestima y por encima de todo, que sea equitativa. Los derechos de los demás terminan allí dónde comienzan los nuestros y viceversa. Uno de los errores más graves es el de creer que hay que sacrificarlo todo por la otra persona y recibir migajas a cambio. Si damos, es justo que recibamos en las misma medida. Ahora bien, si queremos hacer caridad, hay miles de instituciones de beneficencia y hogares de niños a los que podemos ayudar.  En las relaciones de pareja no podemos hacer caridad. Si te escucho tus problemas y te contengo, es justo que reciba lo mismo.  Si tu tiempo vale, el mío también. No debemos anularnos para satisfacer al otro. No debemos permitir que el nadie pisotee nuestro derecho a ser felices y ser respetados. Por esta razón, es importante que uno empiece por respetarse a uno mismo. Si yo no me respeto, los demás seguramente no lo harán. Las relaciones de pareja sanas, son un “ida y vuelta”. Te doy – me das. Y siempre en la misma medida.
  • Es importante compartirlo todo. No. Esto no es así. Si bien es importante saber compartir, también es importante saber tener nuestra privacidad. Tener un espacio propio es esencial para nuestra salud emocional y para nuestra autoestima. Todos necesitamos tener un espacio de intimidad con nosotros mismos, aunque más no sea para descansar y relajarnos. Necesitamos un espacio para socializar con nuestras amistades, para compartir en familia, para compartir con la pareja, para tratar temas laborales, para enriquecernos con cursos o intereses académicos, para disfrutar de un pasatiempo o hacer algo creativo o solidario. No siempre debemos compartirlo todo con nuestra pareja. Compartir todo, absolutamente todo, con la pareja genera dependencia y es agobiante. Es muy saludable tener un espacio propio, también.
  • El amor es para siempre. Lamentablemente, nada es para siempre. La vida misma tiene un principio y un fin. En los tiempos de nuestros abuelos, la gente se casaba “para siempre”.  Aun hoy, mucha gente sigue pensando de esta manera. Pero, lo cierto es que conforme crecemos, maduramos. Y conforme maduramos, cambiamos, evolucionamos; y en este proceso de cambio, a veces cambiamos también nuestros gustos, nuestros valores, nuestra manera de pensar, nuestra manera de ver el mundo. Y lo que sentimos por una pareja, también puede cambiar. Mis abuelos estuvieron casados por más de 50 años y fueron muy felices. Tuvieron altibajos, como cualquier pareja, pero siempre siguieron juntos. Eso está bien, no está mal. Pero es muy importante tener en cuenta que, en las relaciones de pareja, no todo es color de rosa, no siempre es como en los cuentos de hadas y el amor se puede terminar. No tenemos que pasar del amor al odio.  A veces, simplemente, el amor se termina. Es importante aceptar que las cosas pueden llegar a su fin en algún momento. Si no amamos más a una persona o si nuestra pareja ya no nos ama, es una señal de respeto y dignidad aceptar que la relación ha llegado a su fin y seguir nuestro camino. Empeñarse con atarse a una relación que ha terminado, no tiene ningún sentido y no es sano.

Para poder tener relaciones de pareja saludables es fundamental ser sincero con uno mismo y valorarse. Si no tengo dignidad, si no me respeto lo suficiente para hacer valer mis derechos como persona, los demás rara vez me valorarán o me respetarán e intentarán imponer siempre sus derechos por sobre los míos. Las relaciones de pareja saludables implican respeto, honestidad, transparencia, y desde ya, mucho amor. Pero, recordemos algo importante: amor no es sacrificarlo todo por el otro, no es tener una pareja celosa y posesiva. Amor es RESPETAR, respetarnos a nosotros mismos y respetar al otro.

Saber escuchar

Un buen diálogo, una comunicación eficiente, empiezan por saber escuchar activamente al otro. Pero, ¿sabemos escuchar?

Escuchar es como un arte multi-facético porque involucra varias habilidades, aunque no siempre seamos conscientes de ellas.  Un buen acto de escucha activa implica poder identificar qué dice la otra persona, por qué lo dice, cómo lo expresa, cuáles son sus necesidades (por qué cuenta lo que cuenta), cuáles son sus propósitos (para qué cuenta lo que cuenta) y si se trata de una persona que está abierta al diálogo o no.

Hay personas que, aparentemente, desean dialogar, pero en realidad sólo desean ser oídas, escuchadas, comprendidas, o simplemente, necesitan descargar algo y por ende, no establecen un diálogo, sino un monólogo.

Además, escuchar al otro, cómo responde a lo que nosotros decimos o preguntamos o explicamos, también nos permite detectar si la otra persona comprendió lo que dijimos, y al mismo tiempo, nos permite evaluar si nosotros mismos nos expresamos correctamente.

Una persona consultó a un coach profesional para resolver un tema puntual que le generaba un conflicto. Tenía que ver con los valores personales y su relación con su familia, que no compartía los mismos valores. El coach dedicó un par de sesiones para aclarar un poco el tema, pero el tema no se resolvió, sólo se aclaró un poco.

En la tercera sesión, el cliente comentó que existía la posibilidad de que se fuera a vivir a otro país y el coach exclamó: ¡Eso es de lo que tenemos que hablar aquí!  Y comenzaron a hablar sobre ese tema.

Podrían haber dedicado varias sesiones a hablar sobre ese tema, pero la realidad es que el cliente se dio cuenta de que el coach había desviado el tema principal porque no había podido ayudarle a resolver el problema.

El cliente interrumpió al coach y dijo: “A mí no me genera ningún conflicto decidir cuándo y dónde me iré a vivir a otro país, o cuáles son las distintas posibilidades que tengo, eso lo veo muy claro y sólo requiere que tome una decisión cuando tenga información que yo considere suficiente”… “Yo vine aquí para resolver, o al menos, terminar de analizar y aclarar la problemática que tengo con las relaciones con mis familiares cercanos”…. “No tengo problemas de pareja, no tengo problemas con mis hijos, no tengo problemas laborales, no tengo problemas con mis amigos, ni con irme a vivir a otro país”… “Sí tengo problemas con mis hermanos y hermanas y con mis padres, y para eso he venido aquí”.

A veces, algunas personas (terapeutas, coaches, amigos, familiares, colegas, psicólogos, profesores, etc.) no nos dan una respuesta a nuestros problemas porque, en algunos casos, no la tienen o no saben cómo ayudarnos con un problema específico. Por eso es importante saber escuchar.

Darse cuenta de lo que entiende la persona con la que estamos hablando, o si desvía el tema de conversación hacia otro tema, o si trata de convencernos de algo, son cualidades muy importantes de una escucha activa.

Muchas veces ocurre que la gente con la que hablamos da por sentado cosas o situaciones que no son reales. Por ejemplo: Una señora hablaba con otra sobre una amiga de su hija que se quedó un mes en su casa porque tenía problemas con la separación de sus padres. La persona que escuchaba el relato de esta señora no dijo nada en ese momento, sólo la escuchó. Cuando se volvieron a encontrar, tres meses después, se encontraron nuevamente y la señora que había escuchado el relato preguntó: “Cómo están tu hija y tu hijastra”…  Esta señora había dado por sentado que la amiga de la hija de la señora ya era como una hijastra y por ende, supuso que seguía viviendo con ellos. Error.

Estas suposiciones y malas interpretaciones son muy frecuentes cuando la gente no sabe escuchar y se queda con una parte de la información.

Cuando dialogue, preste atención a dos cosas: Cómo se expresa usted y cómo se expresa la otra persona, por un lado; y por otro lado, qué escucha usted (y cómo lo interpreta) y qué escuchan los demás (y cómo interpretan aquello que escuchan)

Por último, no tenga miedo de preguntar o de hacer aclaraciones para ver si la otra persona entendió lo que usted dijo o si usted está comprendiendo lo que la otra persona le dice.

1. Sientes que no puedes ser tú mismo

Tus amistades te dicen que has cambiado. Siempre estás pendiente de lo que dices o cómo actúas porque tu pareja tiende a corregir tus errores o criticarte todo el tiempo, o  lo hizo así en el pasado. Nunca te sientes totalmente relajado cuando tu pareja está cerca, incluso cuando ya han estado saliendo juntos por varios meses. Si no puedes ser tú mismo con la persona que amas, es tiempo de reflexionar profundamente acerca de lo que estás haciendo… y por qué. Nadie vale tanto sacrificio.

2. No eres feliz

Aunque es verdad que nuestra pareja no es responsable de nuestra felicidad, ciertamente deberían embellecer nuestros días. Quienes salen con la persona adecuada, disfrutan consistentemente de la relación y tienen una sensación general de felicidad y bienestar (sin argumentos).  Si te sientes infeliz, la mayor parte del tiempo, y especialmente cuando estás con su pareja, esto puede ser un síntoma importante de que esa persona no es la correcta para ti.

3. Tu pareja te agota

En lugar de sentirte lleno de energía, después de pasar tiempo con tu pareja, te sientes emocionalmente desgastado la mayor parte del tiempo. Ellos parecen tener algo de qué quejarse todo el tiempo o simplemente, tienen una visión negativa de la vida. De cualquier manera, la persona con la que elijas pasar tu vida, realmente debería levantarte el ánimo, en lugar de hundirte . Y tampoco deberías sentirte “obligado” a escuchar o soportar a tu pareja, todo el tiempo.

4. El factor amigos

Si sales con alguien y realmente no quieres presentárselo a tus amigos, no es un buen signo (y deberías preguntarte por qué). Si sales con alguien y esa persona nunca te presenta a sus amistades, también es otro signo. Si tus mejores amigos expresan preocupación sobre tu relación, tómalo con seriedad. Es probable que estas personas vean las cosas de manera más objetiva, de modo que es importante que puedas abrir tu mente y oír lo que tienen que decirte.

5. No logras imaginar el futuro juntos

Luego de salir un cierto tiempo, es normal comenzar a pensar cómo serían como pareja en el futuro. Si has estado saliendo un tiempo con tu pareja y no logras ver cómo podrían funcionar juntos en el futuro, podría ser buena idea evaluar por qué sales con esta persona y qué es lo que realmente estás buscando.

6. Son como el día y la noche

Tu pareja ama salir todas las noches y acostarse tarde. Tú prefieres quedarte en casa y levantarte temprano. Tu pareja quieren que estén juntos los siete días de la semana, mientras que a ti te gusta pasar parte del tiempo con tus amistades. La compatibilidad es un ingrediente esencial para que una unión sea pacífica y armoniosa, y si tú y tu pareja tienen muchas diferencias fundamentales, las cosas pueden dificultarse mucho.

7. No te emociona ver a tu pareja ni tener noticias de ella

Cuando tu pareja te llama, tú no atiendes y dejas que atienda el contestador. A veces, de hecho, evitas a tu pareja totalmente. Te das cuenta que sientes una ambivalencia absoluta cuando está con tu pareja. Muchos de nosotros atravesamos momentos en que tenemos miedo de estar solos y entonces nos quedamos en relaciones que no nos satisfacen. Salir con una pareja debería ser algo divertido, emocionante y que nos llene de afecto, pero no lo contrario. Las cosas no van a ser siempre color de rosa, pero deberías sentirte feliz de ver a tu pareja, la mayor parte del tiempo.

8. No te sientes bien contigo mismo

Además de sentirse feliz, una persona que tiene una buena relación de pareja, normalmente tiene una autoestima positiva. Todos tenemos algunas dudas e inseguridades (¿quién no?), pero cuando pasamos tiempo con nuestra pareja, tendemos a sentirnos mejor – no peor. Por el contrario, si tu pareja acentúa tus dudas y deteriora tu confianza en ti mismo, es tiempo de defenderte y decir: “Hasta luego”.

9. Las contras de permanecer juntos son mayores que los beneficios

Los análisis de las relaciones costo-beneficio realmente ayudan, mucho más allá de la oficina. Siéntate unos minutos y anota todas las ventajas y desventajas de salir con tu pareja. Cuando compares ambas listas, podrás ver si los beneficios superan las desventajas, o si las razones para terminar la relación son más fuertes que las razones para continuarla.

10. Tus instintos te están diciendo al oído: ¡Sal ya de esa relación!

Como regla general, nuestras voces interiores están allí por alguna razón y deberíamos oírlas. No ignores las luces rojas de advertencia que te envía Tu subconsciente. En última instancia, el corazón sabe lo que es mejor para nosotros. Permite que tu voz interior se exprese y te guíe hacia las conclusiones que serán mejor para ti.

Por último:

Encuentra alguien que te trate como mereces ser tratado y te haga feliz. Alguien que te haga sentir bien contigo mismo y que tus amigos aprueben y te aliente a salir con él o ella.

Traducido de eHarmony

La decisión de analizarse o no analizarse es personal, pero es bueno contar con cierta información antes de tomar la decisión de hacer una terapia o no.

Hay dos aspectos muy importantes a tener en cuenta:

  • No todas las personas se siente a gusto analizándose, ni todas las terapias son útiles para todas las personas.
  • No todos los profesionales de la salud mental pueden ayudar a todos los pacientes a resolver sus problemas.

En primer lugar, no todas las personas están de acuerdo con hacer terapia, consultar a un psicólogo o psiquiatra, analizarse, etc. Algunas personas prefieren acudir a grupos de apoyo, leer libros de auto-ayuda, recurrir a la religión (confesarse o conversar con un cura, rabino, etc.), o conversar con un amigo de confianza o con alguien que haya vivido experiencias similares.

Otras personas sí prefieren hacer alguna terapia que les ayude a analizar y resolver sus problemas. Y en este caso, lo importante a tener en cuenta, es que hay distintos tipos de análisis. Básicamente, hay médicos psiquiatras, médicos psicoanalistas, licenciados en psicologías y también hay especialistas en terapias alternativas como los “coach” de vida.

El médico psiquiatra y el médico psicoanalista, esencialmente, son médicos. Esto significa que, muchas veces, tratan a sus pacientes como un todo: mente y cuerpo.  A veces ocurre que una persona sufre de depresión y no se debe a una causa emocional, sino a un problema de salud físico (deficiencia de serotonina, por ejemplo). La serotonina es un neurotransmisor que fabrica nuestro cuerpo y la falta de este neurotransmisor puede producir una gran variedad de síntomas, como depresión, ansiedad, irritabilidad, pánico, problemas de sueño, entre otros.   En este sentido, el médico psiquiatra y el médico psicoanalista, no sólo se ocupan de la salud mental de un paciente, sino que también tienen en cuenta su salud física.

Por otro lado, tenemos a los licenciados en psicología o psicólogos. Y dentro de la psicología, hay muchas escuelas o corrientes diferentes, entre ellas el psicoanálisis (los psicoanalistas pueden ser tanto médicos como licenciados en psicología),  la terapia sistémica, gestalt, análisis transaccional, etc.  Hay muchas maneras diferentes de abordar una terapia, desde la psicología.

Hasta hace algunos años, los médicos psiquiatras se ocupaban de las enfermedades de salud mental como la esquizofrenia, la parafrenia, la paranoia, las psicosis en general, las fobias, etc.  Y podían medicar a sus pacientes. Mientras que los psicólogos se dedicaban más a tratar pacientes con trastornos como la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo, los bloqueos emocionales, etc. Y no podían prescribir medicación a sus pacientes (ahora, en algunos países, los psicólogos ya están habilitados para medicar a sus pacientes).

Con esta descripción de los tipos de terapias que existen y los distintos profesionales del campo de la salud mental, las posibilidades de elegir son muchas y muy diversas. Pero lo más importante es sentirse a gusto con el terapeuta y con el tipo de terapia que se va a hacer. Es importante que el terapeuta brinde un espacio de confianza y comprensión, donde el paciente se sienta contenido y respetado.  Y como ocurre en todas las profesiones, hay profesionales buenos e idóneos, con experiencia, y profesionales que no son tan buenos o tan idóneos o que, simplemente, no tienen la experiencia suficiente.

Un buen profesional no le crea al paciente dependencia con su terapia. Tampoco le “lava el cerebro” para que ese paciente salga a pelearse con todo el mundo en defensa de lo que el terapeuta opina. El buen profesional es aquél que nos ayuda a enfrentar nuestros problemas, conteniéndonos, y nos ayuda a encontrar la manera de resolverlos. Es también, quien nos ayuda a hacer crecer nuestra autoestima de manera sólida y constante.

Los profesionales que no son buenos crean dependencia, hacen que sus pacientes se sientan inferiores a ellos o incapaces de resolver sus problemas, o bien, les dicen a sus pacientes que todo lo que hacen y piensan es correcto y le crean una falsa sensación de bienestar y felicidad.

Las posturas extremistas (todo está mal o todo está bien) no son realistas. En la vida de cualquier ser humano, hay momentos buenos y momentos malos, alegrías y tristezas, logros y frustraciones, amor y dolor, y cosas que funcionan muy bien y otras que no funcionan, lo normal es vivir en un equilibrio que no es estático, sino dinámico.

Así, encontraremos que algunas veces estamos en perfecta armonía, con nosotros mismos, con los demás, con el entorno, y otras veces no, estamos menos equilibrados o más equilibrados. Lo importante es no caer en un lugar muy negativo (depresión) ni en un lugar excesivamente positivo (manía).

La neurosis maníaco-depresiva (hoy también llamada trastorno bipolar) habla precisamente de un desequilibrio en el que la persona pasa por periodos en los que todo está exageradamente mal y luego por periodos en los que todo está exageradamente bien. Lo normal es el equilibrio. Y como explicamos antes, algunos trastornos de salud mental requieren medicación como parte del tratamiento y otros no.

Por todo esto, es importante saber que existen distintos tipos de terapias y -ya fuera de las terapias- existen distintos tipos de ayuda o de recursos que una persona puede usar para solucionar sus problemas.

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